El concepto «equinoccio» proviene de los vocablos griegos euqus: igual y nox:
noche. Este término se aplica al evento astronómico donde el día y la noche
duran exactamente el mismo tiempo.
En Chichén Itzá, el descenso de la sombra en El Castillo (pirámide de Kukulcán)
marca el equinoccio y revive la precisión, historia y esplendor de la civilización
maya.
El sol comienza a caer sobre Chichén Itzá, y el silencio se mezcla con la
expectativa de miles de miradas. Poco a poco, la luz dibuja el cuerpo de una
serpiente que desciende por la escalinata de El Castillo (pirámide de Kukulcán).
No es magia, es precisión ancestral. Es el legado maya que, siglo tras siglo,
sigue marcando el pulso del tiempo.
Entre aplausos, asombro y cámaras al aire, el equinoccio vuelve a recordarnos
que el pasado sigue vivo… justo frente a nuestros ojos.
Indiscutiblemente el mayor privilegio es vivirlo cerca de la estructura conocida
como el Castillo o pirámide de Kukulcán, ubicada al centro del conjunto, que
refleja la suntuosidad de dios y creador del viento.

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