En la reseña de la historia de las Flores Normalistas, compartimos ahora el
texto de la maestra Nayeri Saavedra Sandoval, titulado Momentos que mi
corazón nunca olvidará y que forma parte del libro “Fiestas y tradiciones
normalistas”. La maestra Nayeri, fue electa Flor Normalista para el periodo
1983-1984:
MOMENTOS QUE MI CORAZÓN NUNCA OLVIDARÁ
“No es cierto que la gente deje de perseguir sus sueños
porque envejece, más bien envejece cuando deja de
perseguir sus sueños”.
Gabriel García Márquez
La etapa más significativa de mi vida comenzó cuando decidí ser maestra. Con
el tiempo comprendí que fue una de las decisiones más acertadas que pude
tomar, pues a partir de ella inició un sueño lleno de aprendizajes, retos y
vivencias imborrables. Ser docente me mostró de qué estaba hecha, pues cada
día traía consigo desafíos que se convertían en auténticos maestros. Hoy, al
recordar aquellos años, imágenes llenas de color regresan a mi mente y me
dibujan una sonrisa, especialmente por la riqueza humana que encontré y los
grandes amigos que conservo.
En marzo de 1983, el Comité Ejecutivo de la Sociedad de Alumnos lanzó la
convocatoria para elegir a la flor normalista, representante de todos los
estudiantes de la Escuela Normal en actos oficiales. Para muchas compañeras,
este era un sueño. Fue entonces cuando un grupo de amigos, encabezados por
Martín Manuel Macedo y Francisco Martínez Ballesteros, me propuso participar.
Aunque desconocía los riesgos y la magnitud del evento, acepté impulsada por
la convicción y entusiasmo que vi en ellos, sin imaginar que esa decisión
cambiaría mi vida.
El siguiente paso fue hablar con mi padre para pedir su permiso y apoyo.
Hombre experimentado y protector, expresó sus dudas, principalmente porque
yo era alumna de primer año y temía que una derrota me afectara. Sugirió
esperar un ciclo escolar más, pues nunca antes una estudiante de primer año
había ostentado ese título. Sin embargo, la insistencia y el liderazgo de Martín
lograron convencerlo al proponer que precisamente esa condición se convirtiera
en el distintivo de mi candidatura. Así comenzó una aventura que marcó mi
historia personal.
La vida estudiantil en la Escuela Normal era sana y vibrante; todos nos
conocíamos y reinaba un ambiente de amistad. Aunque hubo tres candidatas
más, de segundo y tercer año, la elección se desarrolló en un clima de respeto.
Los estudiantes expresaban su apoyo con entusiasmo, llenando la escuela de
gritos alegres.
El voto era directo y secreto. El conteo se realizó en presencia de
representantes, miembros del comité y directivos. El 5 de mayo de 1983
escuché, entre nervios y emoción, el anuncio de los resultados: con 367 votos,
fui declarada triunfadora y flor normalista electa. Entre porras y gritos de júbilo,
no pude contener las lágrimas. En medio de la celebración escuché
explosiones: eran los cohetes que mi padre había llevado, esperando el
resultado para unirse al festejo. Abracé a mis compañeros, agradecí a quienes
votaron por mí y también a quienes no, y reconocí la grandeza de mis
compañeras competidoras.
El 23 de mayo de 1983 se realizó la ceremonia oficial de transmisión en el Cine
Auditorio, a las 11:00 de la mañana. Recibí la banda de manos del profesor e
ingeniero Roberto Meza, entonces delegado de los Servicios de Educación
Pública en Hidalgo. Asistieron diversas autoridades, familiares y representantes
de instituciones educativas como la Universidad Autónoma del Estado de
Hidalgo y el Instituto Tecnológico de Pachuca. La Banda Sinfónica del estado
engalanó el evento, y el florilegio estuvo a cargo del maestro César Ibarra Jaén,
un documento que valoro profundamente.
Tras la ceremonia, se ofreció una cena baile en el Club de Leones de Pachuca,
con 150 invitados en la cena y más de 600 asistentes al baile, amenizado por el
grupo musical del momento, Míster Halley. Con este evento comenzaron las
celebraciones de aniversario del CREN Benito Juárez, mi querida institución.
Mis amigos, a quienes cariñosamente llamo mis “jardineros”, diseñaron un carro
alegórico en forma de flor en el que desfilé desde el Reloj de Pachuca hasta la
escuela. También asistí como invitada a diversos eventos: desfiles,
coronaciones y celebraciones institucionales.
Durante mi gestión organicé una visita al asilo de ancianos con la participación
de 39 normalistas. Llevamos alimentos, una obra de teatro y música de la
rondalla; la actividad incluso apareció en la prensa local.
Martín Manuel Macedo Vázquez, jefe de grupo y presidente del comité proflor,
fue mi chambelán y principal organizador de los eventos. Nuestra amistad
perdura hasta hoy, como uno de los tesoros más valiosos de aquella inolvidable
etapa.