¡FUERA MÁSCARAS! por: Virgilio Guzmán “mi lealtad dura, hasta que la dignidad se ofende”
Estas poesías cortas pertenecen al libro “Suspiro de la errabunda” obra de
260 cuartillas con la temática de la muerte, poemario de 260 cuartillas que aún
no se ha publicado, tal vez algún día, cuándo los hidalguenses vivamos un
verdadero cambio democrático que logré cubrir todos los espacios de la
sociedad hidalguense.
“Por una democracia con todos, de todos y para todos”
NO QUIERO HACER UNA ELEGÍA
La luna
quebró mis pupilas,
salpicó sus filamentos de luz
y rasgó mi cerebro
para romper mis adentros.
Ante el recuerdo
he de comerme mis ojos muertos.
Errabunda
lleva cabizbajo el semblante,
la oquedad de su rostro
trae la evocación
de los luceros titilantes de la noche.
La tarde esta nublada,
en los huecos de la memoria
repito su nombre y mis irrealizables sueños,
ya va quedando estático mi cuerpo
y frente a la orfandad
en desamparo.
Errabunda
aún me hace temblar,
como al viento a la noche,
me cautiva con su perfume,
que dibuja su estela a través del viento
camina por un hueco espacio
siempre cargando su sombra dibujada en él polvo.
¡Ay, esta vida!
está formada de solemnes y vivas heridas,
que no sumergen en las sienes para siempre,
ni sacudiendo el rostro.
La errabunda
no borra huellas,
sino te extrae todos tus sentidos
te seca tu especie y te roba los suspiros,
hasta producir sequedad al llanto.
Epitafios
Para mi gran y admirable poeta
García Lorca, poseedor de las liras
más excelsas, que hoy, quiero
recordar su temática y formas
poéticas.
I
Al píe del altar corpóreo
gimen su llanto dos cirios;
y en mi corazón, dos venas
como en el altar dos lirios.
II
Hasta a mi padre supremo
le dejé mi rezo cautivo
mientras en mi pensamiento
la luna estrelló sus brillos.
III
La errabunda dejó crecer en la vida
a un crío,
que hoy al tiempo
le incendió en el aire un suspiro.
IV
Cuando es constante el olvido
la pena cansa
coloca al féretro un quejido.
V
La pena ya agotada
coloca la condena al féretro un quejido,
pone sus cartas marcadas de la suerte
para que se desarrolle el olvido.
PRIMER retablo
Una lágrima cautiva
en cada párpado irisa
y en la oquedad hundida
un lucero centellea
en el otro vacío,
no lleva ni un suspiro.
¡Llevas una lágrima
en cada ojo
y, en cada pálpito un reposo
Tu póstuma lagrima
luce en el rostro como en la noche
como una uñita de luna.
La errabunda camina incesante y tranquila
mira la espesura y se ilumina
entre la selva de tu rostro.
Lleva en tus ojos solo un espacio vacío,
y el eco de tu penetrante mirada,
antes guardaba quimeras
hoy, lleva de tus ojos,
un espacio vacío,
caminas tu calavera de anatómica
de faldas tus parpados colgados y vacíos.
Terminó su encargo la errabunda
porque al momento de cerrar tus parpados
tus ojos giro su último repaso
para vivir venerada tu gloria, pero.
sola
sola
sola
y con tu olvido.
SEGUNDO retablo
Marca el tiempo su retorno
¡quisiera verte en la sombra
para arrancarme los ojos!
Fuiste un éxtasis en tú origen
y un segundero corpóreo.
Ay, Señor:
. . . siento frío,
le he pausado la espera
y luego descubro vacío a mi cuerpo
y, sólo tiemblo
y todo olvido.
Han llegado las tardanzas
y cae mi calavera como la brizna en la tarde
como caracola en escuálidas pausas,
solo llevas los recuerdos
hasta el futuro sin cause.
Siempre me encantó escuchar el viento
saborear y robarle el aire al cielo.
que gran privilegio tuve
que me permitió la vida
acariciar y aromatizar las horas
con extensa placidez su rostro.
Con el recuerdo de tarde en tarde
aún se humedece tu calavera
y con el rocío extasiado
estimulas lo que fue mi género.
Que privilegio tengo yo errabunda
que luego de hurgarte
y saborear con mis huellas de mis manos
tu mortuorio frio cuerpo
que en un momento me dejas mi extasiado silencio
decidirme “de una vez por todas”
¿me amaras perpetuamente?
TERCER retablo
Hoy, por última vez te he llorado
te he lanzados los sollozos
de mis cursis y ridículos suspiros
húmedos y blandos
te he soltado las últimas brisas
mezcladas de viento,
de mí angustia que me apabulla
como la ventisca; en el momento de tirar su última de brizna.
En la madrugada,
ya la humedad tiró sus alas,
la luz ya se quedó dormitando en mis ojos
y en el resuello
durante horas y horas
quedé abrazado a la luna.
¿Y las horas para mis reminiscencias,
mis genuflexiones
los gestos de mi hilvanada hipocresía
de mis arrepentimientos
y hoy mi falso dolor?
Ya guardaron su cara
para llorar en el silencio hasta el alba.
4ª. entrega
poesía folklórica de la errabunda
Retablos en las calles por Pachuca
La muerte se quedó en la calle
ondulando con orgullo sus harapos
para rodar a ver con quién hacia abajo.
Desde el barrio porvenir,
va la errabunda vestida con sus harapos
todos polvorientas de barro
abriendo por guerrero la calle
y de pasadita por la luz roja
saborear su último caldo de camarones.
Bajo, desde el arbolito
hasta dar vuelta por Juárez
luego subir hasta Abasolo
caminado por Gómez Pérez
y llegar hasta San Bartola
par luego meterse en su casa
llegando hasta el panteón.
Quiere e insiste con desilusión
poder dejar su huella
y solo deja olvido
y va sembrando resequedad
su eterno oxido minero
y su eterna e intensa buena.
Las lágrimas de los dolientes
fueron tan descomunales y ardientes
que el cuerpo quedó calcinado por el dolor
y lo dejaron al cuerpo del muertito
también ahogado de tanto llorar y
humedecido hasta deslavarle su rostro
y solo dejarlo de recuerdo el semblante.
Al ritmo del repique majestuoso del reloj.
