El caso Ayotzinapa sigue abierto… y ahora también internacionalizado. La
presidenta Claudia Sheinbaum solicitó apoyo de la ONU ante nuevas líneas de
investigación sobre la desaparición de los 43 estudiantes.
Un caso que ha marcado a México por años y que, lejos de cerrarse, sigue
sumando preguntas.
La decisión de acudir a la Organización de las Naciones Unidas no es menor.
Implica reconocer que, pese a los avances anunciados en distintos momentos,
aún hay vacíos, dudas y necesidad de respaldo externo.
Las nuevas líneas de investigación buscan profundizar en aspectos que no han
sido completamente esclarecidos. Y en un caso tan sensible, la credibilidad lo
es todo.
Por eso, la participación de un organismo internacional puede interpretarse
como un intento de reforzar la transparencia… o como una señal de que las
respuestas aún no son suficientes.
Ayotzinapa no es solo un expediente, es una herida abierta. Y cada nuevo
movimiento genera expectativa, pero también escepticismo.
Las familias de los estudiantes han exigido verdad y justicia durante años. Y
aunque cada anuncio parece acercar una posible resolución, la realidad es que
el caso sigue sin una conclusión definitiva.
La intervención de la ONU podría aportar nuevas herramientas, pero también
eleva la presión sobre el gobierno mexicano.
Porque en este caso, el tiempo no ha cerrado nada. Solo ha hecho más urgente
la verdad.
