En medio de tensiones internacionales que cada vez suenan menos lejanas, la
presidenta Claudia Sheinbaum decidió fijar postura ante un tema delicado: la
posibilidad de un conflicto armado entre Estados Unidos y Cuba. Y no, no se
anduvo por las ramas.
Con un mensaje claro —y bastante necesario en tiempos donde todo escala
rápido—, Sheinbaum lanzó un contundente: “No a la invasión, no a una solución
violenta”. Así, sin matices. Porque cuando se trata de guerra, no hay mucho que
suavizar.
El posicionamiento llega en un momento en el que los rumores y tensiones entre
Washington y La Habana empiezan a generar inquietud internacional. Y aunque
todavía no hay una guerra declarada, el simple hecho de que se contemple ya
prende focos rojos… y no precisamente pequeños.
México, fiel a su histórica política exterior de no intervención, vuelve a apostar
por el diálogo como única salida. Una postura que, aunque suena idealista para
algunos, también resulta ser la única que no termina en destrucción.
Sheinbaum no solo rechazó una posible invasión, también dejó claro que la
violencia no puede ser el camino para resolver conflictos entre naciones. Algo
que, en teoría, debería ser obvio… pero que en la práctica parece olvidarse con
frecuencia.

El mensaje también tiene lectura política: México busca mantenerse firme como
un actor que promueve la paz, incluso cuando sus vecinos toman decisiones
más agresivas. Una especie de “aquí no jugamos a la guerra”, aunque el resto
del mundo sí lo haga.
En un contexto global donde las tensiones escalan más rápido que las
soluciones, la postura mexicana intenta poner un freno, aunque sea moral.
Porque si algo queda claro es que cuando las armas hablan, nadie gana
realmente.

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