El Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Oriente de la UNAM reabrió sus puertas para el ciclo escolar, pero el ambiente estuvo lejos de ser de entusiasmo académico. Estudiantes, docentes y padres de familia coincidieron en que el regreso a clases estuvo marcado por el miedo, tras los recientes hechos de violencia registrados dentro y en los alrededores del plantel.
En las últimas semanas, el CCH Oriente se ha visto envuelto en episodios de enfrentamientos entre grupos estudiantiles, riñas que han escalado hasta el uso de objetos contundentes e incluso agresiones con armas blancas.
Estos sucesos generaron gran preocupación entre la comunidad universitaria, que ha demandado mayor seguridad y presencia de autoridades para evitar tragedias.
Durante el primer día de clases, alumnos reportaron un ambiente tenso y la presencia de brigadas de vigilancia escolar. “Venimos con nervios, no sabemos si las cosas se van a calmar o si puede volver a pasar algo”, expresó Andrea, estudiante de cuarto semestre.
La UNAM informó que se reforzaron los protocolos de seguridad en coordinación con la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México. Además, se habilitaron líneas de apoyo psicológico y se ofrecieron talleres para promover la cultura de paz entre los jóvenes.
Padres de familia organizaron reuniones para coordinarse y exigir un plan integral de seguridad. Señalaron que no basta con colocar filtros de acceso o aumentar rondines, sino que se necesita un trabajo de fondo que incluya mediación de conflictos, acompañamiento docente y atención a factores externos que influyen en la violencia escolar.
Colectivos estudiantiles también levantaron la voz y pidieron que no se criminalice a toda la comunidad. “La violencia es real, pero la mayoría venimos a estudiar. Queremos que se nos escuche y que las autoridades actúen con respeto a nuestros derechos”, señalaron en un comunicado.
El caso del CCH Oriente refleja un problema más amplio: la inseguridad que enfrentan los planteles educativos en varias partes del país, donde la violencia externa e interna impacta la vida escolar.
La preocupación ahora es que el miedo no se convierta en un obstáculo para el aprendizaje y el desarrollo de miles de jóvenes.

