El optimismo duró poco. El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, encendió
las alertas al advertir que la revisión del T-MEC estará marcada por la
incertidumbre y tensiones entre los países miembros.
Durante la Convención Bancaria, el mensaje fue directo: el tratado comercial
más importante para México no atraviesa su mejor momento. Y no, no es
exageración.
Las diferencias en temas energéticos, laborales y de inversión han convertido la
revisión en un campo minado. Cada país llega con intereses propios y poca
disposición a ceder. En otras palabras, el “acuerdo” parece cada vez menos
acuerdo.
Para México, esto representa un riesgo serio. El T-MEC es el pilar de su
economía exportadora, y cualquier modificación podría impactar inversiones,
empleo y crecimiento.
Mientras tanto, el discurso oficial insiste en estabilidad. Pero en los hechos, el
panorama es distinto: incertidumbre prolongada, presiones externas y
decisiones internas que podrían salir caras.
El mensaje de Trudeau no deja espacio para interpretaciones optimistas: vienen
tiempos complicados.

