Lo que debía ser un regreso tranquilo al Vaticano se convirtió en una situación
inesperada. El avión del papa León XIV presentó una falla técnica en el
aeropuerto Los Rodeos de Tenerife justo cuando estaba listo para despegar
rumbo a Roma, alrededor de las 5 de la tarde.
Técnicos de Iberia revisaron el problema y la conclusión fue clara: no tenía
solución inmediata. Todos tuvieron que bajar del avión: periodistas,
acompañantes y el resto del pasaje.
Fue entonces cuando el rey Felipe VI hizo un gesto que no pasó desapercibido:
ofreció al Papa el Falcon real, el mismo avión en el que él había viajado hasta
Tenerife. León XIV aceptó el ofrecimiento y así pudo regresar al Vaticano, con
retraso, pero sin mayores contratiempos.
