El presidente de EE.UU., Donald Trump, y el líder ruso, Vladimir Putin, llegaron a Anchorage, Alaska, para su primera cumbre desde 2018, con un objetivo declarado: explorar un alto el fuego en Ucrania.
Para Trump, frenar la guerra sería un triunfo; para Putin, estar en suelo estadounidense sin ceder nada ya es una victoria simbólica.
La cita se realiza en la Base Conjunta Elmendorf-Richardson y rompe con la política de Joe Biden de “nada sobre Ucrania sin Ucrania”.
Trump no descartó que Kiev reciba garantías de seguridad o incluso que haya un intercambio de territorios con Rusia, pero aclaró:
“No estoy aquí para negociar por Ucrania. Estoy aquí para sentarlos a la mesa”.
Putin, por su parte, busca reducir su aislamiento internacional y aliviar las sanciones que golpean la economía rusa.
Entre los temas clave: seguridad, posibles pausas en los combates y cooperación económica. En la mesa están figuras de peso como J.D. Vance y Marco Rubio por EE.UU., y Sergei Lavrov y ministros de Defensa y Finanzas por Rusia.
Trump ya piensa en una segunda cumbre que podría incluir a Volodímir Zelenski y líderes europeos.
¿Habrá un avance real o será solo un gesto diplomático?

