El capítulo fiscal más polémico de los últimos años llegó a un punto decisivo: la
Suprema Corte de Justicia de la Nación confirmó que Ricardo Salinas Pliego y
empresas vinculadas deberán pagar más de 48 mil millones de pesos al Servicio
de Administración Tributaria (SAT), tras perder una serie de recursos legales
que se prolongaron por más de una década. La cifra, equivalente al presupuesto
anual de varios estados del país, coloca este caso como uno de los más
grandes en la historia de los litigios fiscales mexicanos.
El fallo del máximo tribunal desató una ola inmediata de reacciones. Mientras la
autoridad fiscal celebró lo que considera una victoria para la recaudación y la
igualdad ante la ley, Salinas Pliego respondió desde sus redes sociales con su
característico estilo desafiante, asegurando que es víctima de “abuso de poder”
y que continuará defendiendo sus intereses “hasta las últimas consecuencias”.
Sin embargo, la resolución de la SCJN fue categórica: los adeudos
corresponden a ejercicios fiscales previos, auditorías formales y
determinaciones‐clave que ya habían sido revisadas por instancias inferiores.
Con esto, prácticamente se cierran las puertas para nuevas impugnaciones
significativas. Según especialistas, el empresario se encuentra ahora en una
etapa donde la negociación y el cumplimiento son las únicas rutas viables.
El gobierno federal aprovechó el momento para enviar un mensaje contundente:
nadie está por encima de las obligaciones fiscales, sin importar su poder
económico o influencia mediática. La presidenta Claudia Sheinbaum reiteró que
el Estado debe garantizar reglas claras y parejas para todos los contribuyentes,
y que la recaudación de grandes deudores es parte central de su política de
justicia tributaria.
La noticia también generó reacciones en la comunidad empresarial, donde
algunos consideran que el caso podría sentar un precedente para el trato hacia
grandes corporaciones con litigios pendientes. Otros, en cambio, advierten que
el discurso político en torno al tema podría tensar la relación entre el sector

privado y el gobierno, especialmente si los señalamientos se convierten en
confrontaciones públicas.
Lo cierto es que, con esta resolución, el SAT tiene el camino despejado para
iniciar los procesos de cobro, que podrían incluir embargos, retenciones o
convenios de pago, dependiendo de la respuesta del empresario. Por ahora, el
caso se mantiene en el centro del debate nacional, no solo por el monto
histórico, sino por lo que representa para la narrativa de justicia fiscal en
México.

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