La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) volvió a
encender los focos rojos del Gobierno federal al anunciar una fase de
movilizaciones “más radicales” que coincidirían con la antesala y el desarrollo
del Mundial 2026, evento en el que México será uno de los países sede. El
mensaje, difundido por dirigentes de distintas secciones del magisterio
disidente, fue tan claro como incómodo: si no hay respuestas, no habrá
tranquilidad.
De acuerdo con voceros de la CNTE, las mesas de negociación con el Gobierno
se encuentran prácticamente estancadas. Reclaman incumplimientos en
materia salarial, falta de avances en la abrogación definitiva de la reforma
educativa pasada, así como la ausencia de soluciones reales en temas de
plazas, regularización laboral y prestaciones. Para la Coordinadora, las
autoridades solo han ofrecido “promesas recicladas”, sin compromisos
verificables.
El anuncio surge en un contexto clave: México se prepara para ser escaparate
mundial con la Copa del Mundo, un evento que implica seguridad, inversión y
atención internacional. Para la CNTE, este escenario representa una
oportunidad estratégica para presionar al Gobierno, pues cualquier protesta
masiva captaría la atención global y pondría en aprietos la narrativa de
estabilidad que buscan proyectar las autoridades.
Dirigentes de Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán —las bases más fuertes
del movimiento— señalaron que ya se analizan acciones como bloqueos
carreteros, tomas de casetas, paros indefinidos y marchas simultáneas en
sedes del Mundial. Algunos incluso anticipan la posibilidad de instalar un
plantón permanente en la Ciudad de México si las negociaciones no avanzan.

El Gobierno federal, por su parte, llamó al diálogo y pidió evitar que un evento
deportivo sea utilizado como herramienta política. Funcionarios indicaron que
están dispuestos a retomar las mesas de trabajo, pero advirtieron que no
permitirán “acciones que pongan en riesgo la movilidad, la seguridad o el
desarrollo del país”.
Sin embargo, en la CNTE no parecen dispuestos a retroceder. Aseguran que el
magisterio ha sido ignorado durante meses y que sus reclamos “no pueden
esperar a que termine un torneo de futbol”.
Aunque aún no se definen fechas exactas, el tono del anuncio dejó claro que el
conflicto podría escalar en los próximos meses. Con el Mundial 2026 cada vez
más cerca, México no solo se prepara para recibir a miles de aficionados, sino
también para enfrentar una posible ola de protestas que podría poner a prueba
la capacidad de negociación del Gobierno.

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