En un movimiento que sacudió al sector financiero —aunque algunos digan que
ya lo veían venir— la Secretaría de Hacienda y Crédito Público dio luz verde a la
fusión del negocio fiduciario de CIBanco a Multiva. Así, sin drama, sin suspenso
y, según el propio gobierno, sin un solo impedimento legal en el camino. Todo
limpio, todo ordenado… tan perfecto que muchos levantaron la ceja.
La autorización llega después de una revisión que, de acuerdo con Hacienda,
confirmó que no existía ningún obstáculo normativo que impidiera transferir la
operación fiduciaria. En términos simples: CIBanco entrega el control de su
negocio fiduciario y Multiva lo recibe con los brazos abiertos, expandiendo su
presencia en un mercado donde cada centímetro de crecimiento es oro puro.
La operación incluye servicios como administración de fideicomisos, manejo de
inversiones, instrumentos patrimoniales y estructuras financieras que, lejos de
sonar aburridas, representan millones de pesos bajo custodia. Por eso el sector
puso lupa desde el primer minuto, buscando grietas, condiciones especiales o
cualquier señal de favoritismo. Pero oficialmente, nada: el gobierno insistió que
la operación se ajusta al marco legal, como si fuera un trámite más en una
mañana de oficina.
Para Multiva, el movimiento significa un salto estratégico. No solo gana terreno
en el mundo fiduciario, también fortalece su cartera, su músculo operativo y su
influencia en un sector donde las fusiones marcan el ritmo. Para CIBanco, la
decisión parece formar parte de una reconfiguración interna que algunos
analistas interpretan como una apuesta para enfocarse en otras áreas de
negocio más rentables o menos reguladas.
Mientras tanto, en redes sociales, el anuncio provocó desde aplausos hasta
sospechas. Unos celebran la consolidación y creen que esto traerá mayor
competitividad; otros ven señales de una creciente concentración financiera
que siempre genera preguntas incómodas. Pero el mensaje oficial es claro: todo
está en regla, todo está aprobado y todo sigue su curso.
La fusión ahora avanza a la etapa operativa, donde los equipos de ambos
bancos deberán armonizar sistemas, contratos y procesos. Como siempre, el
reto no está en el anuncio, sino en el día después: hacer que la unión funcione y
que los clientes —los verdaderos protagonistas— ni sientan el temblor.

