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“ENTRE AROMAS, VOCES Y RECUERDOS”
OPINIÓN DE: MARÍA RESENDIZ
PACHUCA, HGO., 01 DE MAYO DE 2026
Hay espacios que trascienden su función original y se convierten
en símbolos vivos de identidad colectiva. Tal es el caso del
Mercado Primero de Mayo de Pachuca, principal centro de abasto
de la capital hidalguense, que a cien años de su fundación se
mantiene como un emblema de historia, trabajo y memoria
comunitaria.
Desde su inauguración el 1 de mayo de 1926, el mercado comenzó
a escribir una historia profundamente ligada al desarrollo de la
ciudad. Aquel día, bajo el contexto de un México en
transformación, el recinto abrió sus puertas con el respaldo del
entonces presidente Plutarco Elías Calles, consolidándose desde
sus inicios como un punto estratégico para el comercio local.
Ubicado en el corazón de Pachuca, el mercado no solo ha sido un
espacio para la venta de productos básicos como frutas, carnes,
especias y antojitos tradicionales, sino también un lugar donde se
han tejido relaciones humanas, se han heredado oficios y se ha
fortalecido el sentido de comunidad entre generaciones de
comerciantes y consumidores.
A lo largo de un siglo, el Mercado Primero de Mayo ha enfrentado
diversas adversidades. Incendios que amenazaron con borrar su
historia, crisis económicas que pusieron a prueba la estabilidad de
sus locatarios, así como los constantes cambios urbanos y la
creciente competencia de supermercados y cadenas comerciales.
Sin embargo, su capacidad de adaptación y la fortaleza de quienes
lo sostienen han permitido que continúe en pie, conservando su
esencia tradicional.
Más allá de su estructura física, este mercado representa la
resistencia de una comunidad que ha sabido mantener vivas sus
tradiciones frente al paso del tiempo. Cada puesto, cada pasillo y
cada voz forman parte de una narrativa colectiva que da identidad
a Pachuca.
Celebrar sus cien años no es solo conmemorar una fecha, sino
reconocer el esfuerzo cotidiano de cientos de familias que, con
disciplina y orgullo, han hecho del mercado un pilar económico y
social. Es también una oportunidad para valorar estos espacios
que, lejos de desaparecer, siguen siendo el alma de muchas
ciudades mexicanas.
Hoy, como hace un siglo, el Mercado Primero de Mayo abrió sus
puertas como cada mañana, recordando que la historia no solo se
encuentra en los libros, sino también en los aromas, los colores,
las voces y la vida que late entre sus muros.
Hay espacios que trascienden y se convierten en símbolos vivos de
identidad, tal y como ocurre con el Mercado Primero de Mayo de
Pachuca, que cumple cien años de historia, un siglo siendo mucho más
que un punto de comercio: un lugar donde la tradición, el trabajo y la
memoria colectiva de generaciones enteras han encontrado hogar.
A lo largo de estos cien años, el Mercado Primero de Mayo ha sido
testigo de transformaciones profundas. Ha sobrevivido incendios, crisis
económicas, cambios urbanos y la llegada de nuevas formas de
consumo. Ha visto crecer la ciudad a su alrededor y, aun frente a la
modernidad y la competencia de grandes cadenas comerciales, sigue
manteniendo su esencia: la cercanía humana, el trato directo y la
autenticidad que solo los mercados tradicionales pueden ofrecer.
Los cien años del Mercado Primero de Mayo no solo hablan de un
edificio histórico; hablan de la resistencia de una comunidad, de la
permanencia de las tradiciones y de la capacidad de Pachuca para
preservar aquello que le da identidad y su diciplina al trabajo.
Porque mientras sus puertas sigan abriéndose cada mañana, el
Mercado Primero de Mayo seguirá recordándonos que la historia de una
ciudad también se escribe entre aromas, voces, colores… y cien años de
memoria.