La Ciudad de México volvió a vivir uno de esos días en los que las calles hablan
solas. Miles de peregrinos de todo el país comenzaron a llegar a la Basílica de
Guadalupe, cumpliendo promesas, cargando imágenes, veladoras, mochilas y
una fe que no entiende de distancias, cansancio ni tráfico capitalino.
Como cada año, el arribo masivo marca el inicio de las celebraciones previas al
12 de diciembre, Día de la Virgen de Guadalupe, uno de los eventos religiosos
más importantes de México y probablemente el único capaz de paralizar
avenidas enteras sin que nadie se atreva a protestar demasiado.
Desde la madrugada, grupos provenientes de Puebla, Hidalgo, Querétaro,
Morelos, Michoacán y hasta de estados del norte comenzaron a cruzar la ciudad
a pie y en bicicleta. Algunos llevan semanas en camino; otros salieron apenas
hace unos días, pero todos comparten algo: la determinación de llegar al
Tepeyac pase lo que pase.
Las autoridades capitalinas activaron operativos de seguridad, atención médica
y cierres viales, porque el caos vial ya es una tradición más de la temporada.
Aun así, el ambiente es festivo: puestos de comida improvisados, familias
enteras acompañando a los peregrinos y música que va desde alabanzas hasta
bocinas con cumbias que nadie se explica pero todos celebran.

A pesar del cansancio evidente, muchos peregrinos aseguran que la experiencia
vale cada paso. “Es pesado, pero la fe lo puede todo”, dijo uno de ellos mientras
ajustaba la banda elástica de su mochila repleta de ofrendas. Otros narraron
promesas cumplidas, agradecimientos personales y hasta milagros familiares
que los motivaron a emprender el viaje.
La Basílica, por su parte, ya se prepara para recibir a millones en las próximas
horas. El flujo constante de visitantes convertirá el recinto en un mar de
colores, rezos, lágrimas y fotos con celulares alzados intentando capturar el
momento.
Aunque para muchos fuera del país parezca sorprendente que tanta gente viaje
tantos kilómetros por devoción, en México esto no es nuevo: es parte del
calendario emocional del país. Un recordatorio de que, en medio de crisis,
polémicas políticas y problemas cotidianos, la fe todavía logra unir a millones.
Y este año, como siempre, la Virgen convoca. Y México camina.

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