El caso que sacudió al periodismo mexicano y encendió las alertas sobre la
violencia contra la prensa dio un paso contundente. Armando Escárcega, alias
“El Patrón”, fue sentenciado como autor intelectual del atentado contra el
periodista Ciro Gómez Leyva, ocurrido en diciembre de 2022. Con esta condena,
ya suman siete personas sentenciadas por el ataque.
La Fiscalía señaló que Escárcega fue el responsable de coordinar y ordenar la
agresión armada, la cual buscaba asesinar al comunicador. El atentado,
ejecutado a plena vista y con armas de alto poder, evidenció el nivel de
organización criminal detrás del ataque. No fue un acto improvisado; fue un
intento de silenciar con balas.
Durante el proceso judicial, el Ministerio Público vinculó el ataque con el Cártel
Jalisco Nueva Generación (CJNG), uno de los grupos criminales más violentos
del país. La investigación reveló una estructura clara: autores materiales,
operadores y un autor intelectual. Una cadena delictiva que, por una vez, logró
ser llevada ante la justicia.
La sentencia contra “El Patrón” es relevante no solo por el castigo, sino por el
mensaje que envía: atacar a un periodista no debe quedar impune. En un país
donde la violencia contra comunicadores suele quedar atrapada en la
impunidad, este fallo marca un precedente poco común.
Ciro Gómez Leyva sobrevivió al atentado gracias al blindaje de su vehículo. Un
detalle técnico que hizo la diferencia entre la vida y la muerte. El ataque generó
una ola de solidaridad, pero también un recordatorio brutal de los riesgos que
enfrenta el periodismo crítico en México.
Organizaciones defensoras de la libertad de expresión celebraron la sentencia,
aunque advirtieron que un caso resuelto no borra la realidad: México sigue
siendo uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo.
La justicia, esta vez, avanzó más rápido de lo habitual. Siete sentenciados, un
autor intelectual identificado y una estructura criminal exhibida. Falta mucho
por hacer, pero este caso demuestra que la impunidad no siempre gana.
Porque cuando las balas fallan, la justicia no debería hacerlo.

