Después de años de reclamos, desabasto y promesas repetidas, el gobierno
federal informó que pagó 15 mil millones de pesos en adeudos por
medicamentos. Así lo confirmó Eduardo Clark, subsecretario de Integración
Sectorial y Coordinación de Servicios de Atención Médica, quien además
aseguró que el abasto de medicamentos para 2026 está garantizado. Una
declaración que suena bien… aunque muchos pacientes ya aprendieron a
escucharla con cautela.
El pago de estos adeudos busca destrabar uno de los principales problemas del
sistema de salud: proveedores que dejaron de surtir por falta de pago y
hospitales que operaban con inventarios mínimos. En términos simples, sin
dinero no hay medicinas, y sin medicinas no hay atención digna. Así de directo.
Clark explicó que el adeudo acumulado afectaba la distribución y compra
oportuna de insumos médicos, por lo que su liquidación permitirá normalizar
procesos y mejorar la disponibilidad en hospitales y clínicas públicas. Una
medida necesaria, aunque tardía para miles de pacientes que pasaron meses
buscando tratamientos por su cuenta.
El subsecretario también afirmó que ya se cuenta con planeación y contratos
suficientes para garantizar el abasto hasta 2026. Un anuncio que intenta cerrar
el capítulo del desabasto, uno de los temas más sensibles y criticados en los
últimos años. Porque cuando falta un medicamento, no es un problema
administrativo: es una urgencia de vida.
Organizaciones civiles y pacientes han señalado que el reto no es solo pagar
deudas, sino asegurar logística, distribución y transparencia. Pagar no siempre
significa que el medicamento llegue a tiempo al anaquel del hospital correcto.
Desde el gobierno se insiste en que este pago marca un antes y un después en
la operación del sistema de salud. Sin embargo, la credibilidad se medirá en
farmacias surtidas y recetas completas, no en conferencias de prensa.
Por ahora, los 15 mil millones ya fueron pagados. El compromiso está hecho.
Falta lo más importante: que los pacientes dejen de escuchar la frase “no hay
medicamento”.
Porque en salud pública, las cifras tranquilizan… pero las pastillas salvan.

