Indios Verdes, uno de los puntos más caóticos y transitados del norte de la
Ciudad de México, fue escenario de un operativo que dejó al descubierto una
práctica tan cotidiana como ilegal: la extorsión a conductores de camiones.
Autoridades capitalinas detuvieron a tres presuntas extorsionadoras, señaladas
como integrantes de una célula delictiva que operaba en la zona.
El titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de la CDMX, Pablo
Vázquez, confirmó la detención y detalló que las mujeres exigían pagos a
transportistas para permitirles trabajar sin “problemas”. Un esquema conocido,
repetido y normalizado, que convierte la necesidad de trabajar en un riesgo
diario para quienes viven del volante.
Según la información oficial, las detenidas operaban con amenazas y cobros
sistemáticos, aprovechando la saturación vial y la falta de vigilancia constante
en puntos estratégicos. La extorsión, disfrazada de “cuota”, se volvió parte del
paisaje urbano, tolerada por miedo y cansancio.
El operativo se logró gracias a denuncias y labores de inteligencia que
permitieron identificar el modo de operación de la célula. Para las autoridades,
el golpe es relevante porque rompe una cadena que afectaba directamente a
decenas de conductores, muchos de ellos obligados a pagar para no ser
agredidos o dañados en su patrimonio.
Pablo Vázquez aseguró que la SSC mantendrá presencia en la zona y reiteró el
llamado a denunciar este tipo de delitos. Sin embargo, la experiencia dicta que
la erradicación de la extorsión no se logra solo con detenciones, sino con
vigilancia constante y acompañamiento real a las víctimas.
El caso vuelve a evidenciar una verdad incómoda: en muchas zonas de la
ciudad, la extorsión ha dejado de ser noticia para convertirse en rutina. Por eso,

aunque la detención de las tres presuntas responsables es una buena señal, el
reto sigue siendo que trabajar no sea un acto de valentía.

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