Lo que comenzó como un conflicto local terminó en desplazamiento forzado,
casas destruidas y denuncias de tortura.
El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba) denunció
que 30 personas tseltales, integrantes del Congreso Nacional Indígena (CNI),
fueron desplazadas de manera violenta del ejido Jotolá, en el municipio de
Chilón, Chiapas.
Según el comunicado del organismo, habitantes del ejido —presuntamente
apoyados por agentes de la Guardia Estatal, Policía Municipal, funcionarios del
Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) y del Tribunal Unitario
Agrario— habrían participado en agresiones que derivaron en la expulsión de
ocho familias.
El saldo, de acuerdo con la denuncia, es devastador: cinco casas destruidas,
pertenencias robadas y quemadas, animales domésticos asesinados y al menos
tres personas sometidas a tortura y tratos crueles, inhumanos y degradantes.
Frayba calificó los hechos como un caso de desplazamiento forzado interno, una
problemática que ha afectado a diversas comunidades indígenas en Chiapas en
los últimos años, muchas veces ligada a conflictos agrarios, disputas
territoriales o tensiones políticas.
Lo que vuelve particularmente grave el señalamiento es la presunta
participación o respaldo de autoridades estatales y federales. De confirmarse,
no sería solo un conflicto comunitario, sino un episodio con implicaciones
institucionales.
Hasta el momento, no se ha informado oficialmente sobre investigaciones
abiertas o medidas de protección para las familias desplazadas.
En el discurso público se habla de derechos indígenas, autonomía y
reconocimiento cultural. En el terreno, según la denuncia, hay casas
incendiadas y familias huyendo.
La distancia entre ambos escenarios es incómoda.

Y mientras se esclarecen responsabilidades, 30 personas ya no están en su
hogar.

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