La cuarta noche del Festival Internacional de Viña del Mar 2026 tuvo un
protagonista claro: Juanes. Y no, no fue una presentación más en su carrera.
Fue de esas noches que se sienten históricas.
En la exigente Quinta Vergara —ese escenario donde el público aplaude con
pasión… pero también abuchea sin piedad— Juanes salió decidido a conquistar.
Y lo logró.
Desde los primeros acordes, el colombiano encendió al público chileno ���� con
un recorrido por sus grandes éxitos, esos que llevan años sonando en radios,
playlists y reuniones familiares. Pero más allá del repertorio, lo que marcó la
diferencia fue la conexión emocional. No fue solo un concierto, fue un
reencuentro.
El llamado “Monstruo” de Viña, famoso por su carácter implacable, terminó
completamente entregado. Las ovaciones no se hicieron esperar y, como manda
la tradición cuando el público lo exige, llegaron los máximos reconocimientos:
la Gaviota de Plata y la Gaviota de Oro.
No es un premio automático. En Viña nadie tiene el trofeo asegurado. Aquí el
público decide en tiempo real. Y esta vez decidió premiar una trayectoria sólida,
una propuesta musical que ha sabido evolucionar y un artista que, lejos de vivir
del pasado, sigue demostrando vigencia.

Juanes no solo brilló, reafirmó su lugar en la música latina.
En tiempos donde los escenarios se llenan de tendencias pasajeras, él apostó
por la emoción, la guitarra y las canciones que sobreviven al algoritmo.
Y el resultado fue claro: doble Gaviota y una Quinta Vergara rendida.

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