Lo que debería ser un espacio seguro terminó convertido en escenario de
horror. Un menor de apenas 15 años fue vinculado a proceso por feminicidio
tras el asesinato de dos profesoras en la preparatoria Makárenko, en Lázaro
Cárdenas, Michoacán.
Sí, 15 años. Y sí, un caso que sacude no solo por la violencia, sino por la edad
del agresor.
El adolescente enfrenta cargos por feminicidio, homicidio y portación de arma
de fuego. La autoridad determinó un mes para la investigación complementaria,
mientras el proceso se desarrolla de forma privada debido a que el imputado es
menor de edad.
De acuerdo con la Fiscalía, el ataque fue planeado. El joven habría ocultado un
arma larga dentro de un estuche de guitarra —porque aparentemente ya ni los
instrumentos musicales son lo que parecen—, ingresó al plantel y disparó
contra la coordinadora académica María del Rosario Sagrero Chávez y la
secretaria Tatiana Madrigal Bedolla.
Tras el ataque, fue detenido.
La defensa solicitó la duplicidad del término constitucional, lo que retrasó la
audiencia, pero finalmente este lunes se reanudó y derivó en su vinculación a
proceso.
El caso abre una discusión incómoda pero urgente: ¿qué está pasando con los
jóvenes? Porque no se trata solo de un crimen, sino de un reflejo de una
realidad donde la violencia ya no distingue edades.
Mientras tanto, dos familias enfrentan pérdidas irreparables y una comunidad
educativa intenta asimilar lo ocurrido. Y en medio de todo, un sistema judicial
que deberá decidir cómo aplicar la ley a alguien que, aunque menor, enfrenta
delitos de la más alta gravedad.

Porque aquí no hay finales simples. Solo preguntas difíciles.

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