Barcelona se convirtió en el escenario perfecto para reunir buenas intenciones
y discursos poderosos. En la IV Cumbre en Defensa de la Democracia,

organizada por Pedro Sánchez, líderes progresistas se dieron cita para hablar de
paz, democracia y futuro.
Entre ellos: Claudia Sheinbaum, Luiz Inácio Lula da Silva, Gustavo Petro y Cyril
Ramaphosa.
Sheinbaum no pasó desapercibida. Propuso tres cosas: evitar una intervención
militar en Cuba, destinar el 10% del gasto militar mundial a reforestación y traer
la próxima cumbre a México.
Ambicioso… y bastante optimista.
En su discurso, la mandataria apeló al pasado histórico, a los pueblos
originarios y al principio de no intervención. “Soy una mujer de paz”, afirmó. Y
sí, el mensaje fue claro.
El problema es otro: el mundo actual parece no escuchar mucho esos discursos.
Mientras líderes hablan de reducir armamento, los conflictos internacionales
siguen escalando. Mientras se pide paz, los presupuestos militares crecen.
La cumbre deja una sensación curiosa: ideas correctas en el lugar correcto…
pero en un contexto global que parece ir en sentido contrario.
Aun así, el evento posiciona a México como actor relevante en estos foros. Y en
política internacional, eso también cuenta.

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