En México, a veces las tragedias tienen algo en común: terminan sin
responsables claros. El caso del trenazo en Oaxaca parece seguir ese guion.
Una jueza federal ordenó la liberación del conductor y del jefe de
despachadores del Tren Interoceánico, acusados por el accidente ocurrido el 28
de diciembre de 2025. Un hecho que dejó 14 personas muertas y decenas de
heridos… pero que ahora, legalmente, queda resuelto.
¿La razón? Un acuerdo reparatorio firmado con 145 víctimas. Así, los delitos de
homicidio y lesiones culposas quedaron extinguidos. En otras palabras: hubo
arreglo… y con eso, se acabó el proceso penal.
Los imputados, que estaban en el penal de El Amate, salieron en libertad tras
una audiencia en Chiapas. Mientras tanto, el maquinista sigue prófugo, como si
fuera el último capítulo pendiente de una historia que muchos ya quisieran
cerrar.
Para la Fiscalía, el accidente fue por exceso de velocidad. Una causa tan simple
como inquietante, considerando las consecuencias.
El tema deja más preguntas que respuestas. ¿El dinero sustituye la justicia?
¿Las víctimas realmente quedan reparadas? ¿Y qué mensaje se envía hacia el
futuro?
Porque sí, el sistema permite estos acuerdos. Pero eso no evita que el caso deje
una sensación incómoda: la de que, incluso en tragedias grandes, la
responsabilidad puede diluirse.
Al final, el tren se detuvo… pero la discusión apenas comienza.
