Cuando parecía que su nombre quedaba únicamente en el recuerdo futbolero,
Giovani Dos Santos vuelve a la conversación pública… pero esta vez lejos de la
cancha y bastante cerca del dinero público.
Una investigación periodística reveló que el exseleccionado nacional es socio
de una empresa que obtuvo un contrato millonario con Petróleos Mexicanos. El
monto no es menor: 13.7 millones de dólares, es decir, más de 238 millones de
pesos.
La empresa en cuestión, Procura de México, habría recibido el contrato en
septiembre de 2024 para el suministro de productos químicos, en un acuerdo
que se concretó durante la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Hasta ahí, todo podría parecer parte del mundo empresarial. El detalle
incómodo viene después.
De acuerdo con registros empresariales, la compañía fue fundada en 2005 en
Tabasco y su objeto social incluye actividades como venta de leche, artículos
de limpieza y hasta construcción de hoteles. Sí, bastante versátil… pero
curiosamente no contempla de forma clara la comercialización de hidrocarburos
ni productos químicos, que son precisamente el corazón del contrato otorgado
por Pemex.
Y ahí es donde empiezan las preguntas.
¿Cómo una empresa con ese perfil obtiene un contrato de esta magnitud en un
sector tan especializado? ¿Qué criterios se utilizaron? ¿Hubo competencia real?
¿O simplemente el balón cayó en el lugar correcto?
En redes sociales, las reacciones no se hicieron esperar. Algunos lo ven como
un ejemplo más de posibles irregularidades en la asignación de contratos

públicos; otros consideran que no hay ilegalidad comprobada y que el tema se
está inflando por el perfil mediático del exfutbolista.
Pero más allá de la legalidad, el caso toca un punto sensible: la confianza en las
instituciones y en los procesos de contratación pública.
Porque cuando aparecen nombres conocidos en contratos millonarios, la
percepción pesa tanto como los documentos.
Hasta el momento, ni el exjugador ni las autoridades han ofrecido una
explicación detallada que calme las dudas. Y mientras eso sucede, el tema
sigue creciendo.
Porque en México, parece que cambiar de cancha no siempre significa cambiar
de juego.

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