POR: LUIS ANTONIO SANTILLÁN VARELA
24/05/2026
Durante los años más oscuros de la última dictadura militar en Argentina (1976-1983), el
rock nacional no solo sobrevivió, sino que se convirtió en un refugio de identidad y un canal
de disidencia política encubierta. Ante un aparato de censura que operaba mediante el terror y
el desconocimiento, los músicos desarrollaron una sofisticada ingeniería de mensajes
codificados que permitía a la juventud resistir sin ser detectada de inmediato por los
"ingenieros del alma" del régimen.
La Metáfora como Escudo
La estrategia principal de artistas como Charly García fue el uso de la alegoría. Un ejemplo
paradigmático es "Canción de Alicia en el país" (1980), interpretada por Serú Girán. En
ella, García utiliza el imaginario de Lewis Carroll para describir la realidad argentina: los
"brujos" aludían a José López Rega, las "morsas" a Juan Carlos Onganía y las "tortugas" a
Arturo Illia. La frase "no tendrás poder, ni abogados, ni testigos" era un reflejo crudo de la
indefensión del ciudadano común ante el terrorismo de Estado.
Otras canciones clave en esta batalla simbólica:
"Los dinosaurios" (1983): Lanzada en el ocaso del régimen, se convirtió en una
metáfora directa de las desapariciones forzadas con la línea "los amigos del barrio
pueden desaparecer".
"Desarma y sangra" (1980): Utilizaba la figura del "ángel vigía" como
personificación de la censura que "le corta las manos, le quita la voz" al ciudadano.
"Viernes 3 AM" (1979): Aunque fue censurada por supuesta "incentivación al
suicidio", la canción hablaba de la desesperanza y el vacío ideológico de la época.
El Recital como Ritual de Libertad
Debido a que los espacios tradicionales de actividad política estaban clausurados, los
conciertos masivos se transformaron en actos políticos encubiertos. En estos "rituales de
resistencia", los jóvenes compartían un espacio comunitario donde los músicos a menudo
interpretaban las letras originales de temas que habían sido modificados en los estudios de
grabación. Fue en este contexto que surgieron "cantitos" populares como "se va a acabar la
dictadura militar", integrando el descontento social al evento artístico.
El Efecto Malvinas: De Enemigo a "Cómplice"
Un punto de quiebre fundamental ocurrió en 1982 con la Guerra de las Malvinas. El
régimen, necesitado del apoyo juvenil, prohibió la música en inglés, lo que provocó un auge
inesperado del rock nacional en las radios. El gobierno intentó manipular este movimiento
organizando el Festival de la Solidaridad Latinoamericana, pero la jugada le salió al revés:
los músicos utilizaron el escenario para pedir por la paz y criticar veladamente a los militares.
Charly García cerró ese festival con "No bombardeen Buenos Aires", una mordaz ironía
sobre la teatralización de la guerra y la inferioridad técnica de Argentina frente a una potencia

mundial. León Gieco aportó "Sólo le pido a Dios", una oración que subvertía el discurso
oficial al pedir que la guerra no le fuera indiferente.
Conclusión de una Batalla Cultural
El rock argentino logró lo que los militares no pudieron contener: una identidad colectiva que
desafió la "verdad eterna" del proceso. A través de mensajes ocultos y una persistente labor
en el estudio y el escenario, el rock se consolidó como un legado de resistencia que,
contrariamente a las expectativas del régimen, floreció gracias a la misma opresión que
intentó callarlo.

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