Opinión: Carmen Morales

Pachuca, Hgo. 21 de julio del 2025

México tras las rejas: prisión preventiva, mujeres invisibilizadas y cárceles rebasadas.

La realidad carcelaria en México en 2024 confirma un problema estructural que vulnera el Estado de derecho y pone en entredicho la promesa de justicia: dos de cada cinco personas presas en el país no tienen sentencia. Peor aún, cuando se trata de mujeres, el 46.3% está privada de su libertad sin que se haya comprobado su culpabilidad, en contraste con un 35.7% en el caso de los hombres, por lo que prisión preventiva, los internos e internas se ven invisibilizadas en las cárceles que se encuentran rebasadas.

Esto implica riesgos importantes en materia de condiciones dignas dentro de los reclusorios: hacinamiento, escasez de recursos y espacios para la higiene, salud o alimentación e incluso conflictos internos y violencia. La sobrecarga del sistema penitenciario mexicano es un fenómeno que genera cadena de vulneraciones a derechos humanos, violencia institucional o desprotección.

La prisión preventiva, tanto en su modalidad oficiosa como justificada, se ha convertido en la norma más que la excepción. Aunque está pensada como una medida cautelar para ciertos delitos graves, hoy se ha normalizado su uso, afectando a más de 85 mil personas que permanecen encarceladas sin sentencia. Presos sin juicio, sistema sin justicia.

La mayoría de quienes se encuentran en prisión preventiva están ahí bajo el esquema de oficiosidad automática, sin que un juez haya hecho un análisis profundo del caso. Esto viola el principio de presunción de inocencia y convierte la prisión en un castigo anticipado, muchas veces aplicado a personas en situación de pobreza, mujeres criminalizadas por sobrevivencia o quienes carecen de defensa legal adecuada. 

Perspectiva de género ausente, el dato de que casi la mitad de las mujeres presas no tienen sentencia es alarmante. Muchas son detenidas en contextos de violencia estructural, económica o de género. 

Su presencia en cárceles refleja un sistema penal que castiga sin comprender, que actúa sin contexto y que perpetúa las desigualdades que se dan fuera de las rejas. 

Cárceles colapsadas: más personas que espacios, a finales de 2024, había 103 personas por cada 100 espacios disponibles en las cárceles mexicanas.

El sistema penitenciario simplemente no da abasto. Los estados con mayor sobrepoblación, como Estado de México y Nayarit, reportan más del doble de

reclusos que su capacidad. Esto se traduce en hacinamiento, insalubridad, falta de atención médica y violencia interna.

Más allá del castigo: una reforma urgente, la crisis carcelaria en México no se resuelve construyendo más rejas, sino reformando el sistema judicial. 

Es urgente replantear el uso indiscriminado de la prisión preventiva, garantizar juicios rápidos, y apostar por medidas alternativas, especialmente para mujeres en situación de vulnerabilidad.

La prisión preventiva en México dejó de ser una excepción para convertirse en una condena sin juicio. Y mientras tanto, miles de mujeres, sin sentencia y sin voz, siguen pagando por un sistema que les falló antes, durante y después de su detención. Si la justicia no es oportuna, no es justicia. 

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