El mundo del arte vuelve a mirar hacia México, esta vez con la expectativa de
que una pintura de Frida Kahlo rompa un récord histórico: convertirse en la obra
más cara jamás vendida de una artista mujer. Sí, Frida, la misma que pintaba
desde el dolor, desde la rebeldía y desde un pequeño estudio en Coyoacán, está
a punto de sacudir las cifras del mercado internacional… otra vez.
La pieza —cuyo nombre las casas de subastas manejan con la discreción de un
secreto de Estado para inflar mejor la puja— será ofertada en una subasta
internacional donde compiten millonarios, coleccionistas y excéntricos que
creen que colgar una pintura en su sala los vuelve más profundos. Según los
especialistas, la obra podría superar los 50 millones de dólares, rompiendo la
marca previa que también pertenece a una pintora que jamás imaginó
semejantes números cuando vivía su propia tormenta.
¿Por qué tanto? La explicación es una mezcla de historia, identidad y marketing
bien ejecutado. Frida se convirtió, a nivel global, en un ícono cultural que
trasciende el arte: es moda, es discurso, es bandera política y es mercancía.
Desde playeras hasta murales en aeropuertos, su imagen se vende como pan
caliente. Y mientras más se multiplica su rostro, más crece el valor de su
pintura original, esa que no se puede piratear en el tianguis.
Expertos del mercado coinciden en que estamos ante un fenómeno que combina
mito y autenticidad. La obsesión internacional por Kahlo llegó a tal grado que
sus obras aparecen en museos, galerías, universidades, campañas sociales y
hasta en tatuajes de extranjeros que no pueden pronunciar “Coyoacán” pero
aseguran sentir su espíritu.
La subasta ha despertado expectativas también en México, donde artistas,
críticos y seguidores especulan sobre el nuevo récord, conscientes de que,
irónicamente, mientras las pintoras mexicanas de hoy luchan por espacios y

presupuestos, la obra de una mujer que vivió hace casi un siglo podría alcanzar
una cifra que muchos gobiernos no destinan ni a cultura en un año.
Si la pieza rompe el récord, Frida volverá a demostrar que es un fenómeno que
el tiempo no desgasta, sino que fortalece. A casi 70 años de su muerte, la
artista sigue dictando tendencias, discursos… y ahora, precios de escándalo.

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