La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, anunció que el Tren Lechería-AIFA
estará listo en el primer trimestre de 2026. Una promesa que, más que
sorprender, revive una sensación conocida entre los usuarios del transporte
público: optimismo moderado y calendario en mano.
El proyecto busca conectar la zona de Lechería con el Aeropuerto Internacional
Felipe Ángeles, una obra pensada para facilitar el acceso a una terminal aérea
que, desde su inauguración, ha cargado con el peso de la lejanía y la
conectividad limitada. El tren aparece, así, como la pieza que falta para que el
AIFA deje de ser sinónimo de trayectos eternos.
Sheinbaum aseguró que los trabajos avanzan conforme a lo previsto y que la
meta es entregar la obra durante los primeros meses de 2026. El anuncio forma
parte de la narrativa de continuidad en infraestructura ferroviaria, uno de los
sellos del actual proyecto de gobierno, donde el tren vuelve a ocupar un lugar
central en la movilidad nacional.
Sin embargo, la reacción pública no fue uniforme. Para algunos, el anuncio
representa una mejora necesaria y largamente esperada. Para otros, la fecha
despierta escepticismo, recordando que en México los plazos de obra suelen
ser más aspiracionales que definitivos. La ironía se impone: la promesa avanza
a velocidad de boletín, mientras los usuarios siguen calculando tiempos.
El Tren Lechería-AIFA no solo busca transportar pasajeros, sino también
cambiar la percepción del aeropuerto. Una mejor conexión podría traducirse en
mayor afluencia, más vuelos y, eventualmente, en un uso más eficiente de la
infraestructura existente.
Desde el gobierno se insiste en que esta obra es clave para integrar el sistema
de transporte del Valle de México y reducir la dependencia del automóvil. El
reto será cumplir la fecha anunciada y demostrar que, esta vez, la vía sí lleva a
tiempo.
Por ahora, el Tren Lechería-AIFA sigue en construcción y el reloj ya empezó a
correr rumbo a 2026. La expectativa está puesta; la paciencia, también.

