La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) confirmó oficialmente la
eliminación del estímulo fiscal a la gasolina Magna y al diésel, lo que implica
que los consumidores ahora pagarán el 100 % del IEPS en cada litro. En
términos simples: se acabó el alivio y vuelve el cobro completo.
Durante meses, este estímulo funcionó como un amortiguador frente a los
precios internacionales del petróleo. Permitía que los aumentos no se reflejaran
de manera inmediata en las estaciones de servicio. Hoy, ese colchón
desaparece y el impacto se sentirá directamente en la cartera de millones de
automovilistas.
Hacienda argumenta que las condiciones actuales del mercado permiten retirar
el apoyo sin provocar un desajuste mayor en la inflación. Sin embargo, la
experiencia cotidiana dice otra cosa: cuando sube la gasolina, sube todo.
Transporte, alimentos, servicios y hasta los productos más básicos terminan
ajustando precios.
Transportistas y comerciantes ya anticipan incrementos en tarifas, mientras
que los consumidores hacen cuentas rápidas para saber cuánto más gastarán
cada mes. En redes sociales, la reacción fue inmediata: memes, quejas y
comparaciones con gobiernos anteriores, porque el tema del combustible
siempre enciende pasiones.
Aunque la medida fortalece las finanzas públicas, el ciudadano promedio no
analiza balances macroeconómicos. Lo que ve es que su dinero rinde menos y
que llenar el tanque será un gasto más pesado en una economía donde los
salarios no crecen al mismo ritmo.
Por ahora, la SHCP mantiene firme su decisión. El mensaje es claro: el estímulo
se terminó. La bomba sigue marcando litros… y el bolsillo, pérdidas.

