Si alguien pensaba que el Mundial de Futbol era solo pasión, himnos y lágrimas,
la FIFA llegó para recordar que también es, y sobre todo, un gigantesco negocio.
El Consejo del organismo aprobó una bolsa histórica de 727 millones de dólares
que se repartirá al final de la competencia, una cifra que hace ver a ediciones
pasadas como torneos de austeridad.
Sí, leíste bien: 727 millones de dólares en premios. De ese total, 655 millones se
distribuirán entre las 48 selecciones participantes, un aumento de 50 %
respecto a la edición anterior. Porque si el Mundial crece en equipos, partidos y
transmisiones, también tenía que crecer el premio. Todo cuadra… al menos en
la contabilidad de Zúrich.
La cereza del pastel es para el campeón, que se llevará 50 millones de dólares
solo por levantar la copa. Nada mal por un mes de trabajo, presión mediática y
millones de aficionados juzgando cada pase desde el sillón. Pero incluso las
selecciones que no pasen de la fase inicial tendrán motivos para sonreír: cada
equipo recibirá un mínimo garantizado de 10.5 millones de dólares solo por
participar.
En redes sociales, la noticia provocó una mezcla de euforia y sarcasmo. “Ahora
sí dan ganas de clasificar”, bromeaban algunos usuarios, mientras otros
cuestionaban cómo se reparte tanta riqueza cuando el futbol de base sigue
luchando por recursos. Pero lo cierto es que el mensaje es claro: el Mundial ya
no se juega solo por gloria deportiva, también por premios dignos de una final
bancaria.

La FIFA justificó la decisión señalando que los ingresos comerciales y
televisivos han alcanzado niveles récord, especialmente con el nuevo formato
de 48 selecciones, que promete más partidos, más audiencia… y más anuncios.
Porque en el futbol moderno, cada minuto extra es una oportunidad de
facturación.
Para las federaciones nacionales, este reparto representa oxígeno puro: dinero
para infraestructura, desarrollo y, en algunos casos, para tapar agujeros
financieros históricos. El reto, como siempre, será que esos millones no se
queden en el camino.
Así, el Mundial se prepara para hacer historia no solo en la cancha, sino en la
chequera. Porque al final, en el futbol global, la pelota rueda… pero el dinero
vuela.

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