La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, decidió dejar algo muy claro, y sin
rodeos diplomáticos: la relación de México con Cuba no está a discusión
externa. Frente a presiones y cuestionamientos provenientes de funcionarios de
Estados Unidos, la mandataria fue tajante al reafirmar que su gobierno
mantendrá los vínculos con la isla, porque la política exterior mexicana se
define en México, no fuera de él.
“La política exterior la definimos los mexicanos”, sentenció Sheinbaum,
apelando a una tradición histórica que ha sido bandera del país durante
décadas: no intervención y autodeterminación de los pueblos. Un mensaje
directo para Washington, que en semanas recientes ha insistido en que México
reconsidere su postura frente al gobierno cubano.
El contexto no es menor. Funcionarios estadounidenses, entre ellos un
subsecretario de Estado adjunto, han expresado su incomodidad por el respaldo
político y diplomático que México mantiene con Cuba. La respuesta de
Sheinbaum fue firme, casi quirúrgica: la relación con la isla se sostiene por
principios históricos, ideológicos, políticos y humanitarios, no por presiones
coyunturales.
En redes sociales, las declaraciones generaron reacciones inmediatas. Algunos
celebraron la postura soberana y el tono firme de la presidenta. Otros
advirtieron que mantener esta línea podría tensar la relación con el principal
socio comercial del país. Porque sí, la soberanía suena muy bien… hasta que
entra en juego la geopolítica real.
Sheinbaum también subrayó que México ha mantenido esta política con
distintos gobiernos y colores partidistas, reforzando la idea de continuidad

institucional más allá de ideologías. No es un gesto improvisado, sino una
posición histórica que, en su visión, no debe cambiar por presión externa.
Para Estados Unidos, el mensaje no pudo ser más claro: México escucha,
dialoga, pero no acata órdenes en materia de política exterior. Y para Cuba,
representa una señal de respaldo en un escenario internacional cada vez más
hostil.
Así, la presidenta marca territorio desde el inicio de su administración. Sin
confrontación abierta, pero sin concesiones. Porque en el tablero internacional,
Sheinbaum deja claro que México puede ser aliado, socio y vecino… pero no
subordinado.
Y en tiempos donde las presiones cruzan fronteras con facilidad, esa postura
—para bien o para polémica— ya empezó a definir el tono del sexenio.

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