Australia esperaba un concierto épico de Lady Gaga… y vaya que lo obtuvo,
aunque tal vez no como estaba previsto. Durante la presentación, un viejo
conocido de la policía de eventos, Wen, decidió que era buen momento para
hacer lo que mejor sabe: invadir escenarios ajenos como si fueran su sala de
estar. El resultado fue inmediato: seguridad lo identificó, lo escoltó fuera del
recinto y Gaga continuó el show como si un mosquito hubiera intentado
atacarla.
Para muchos, el nombre Wen podría no sonar. Pero en el mundo de los
espectáculos, es casi una celebridad… del tipo que nadie quiere cerca. Su
historial es tan largo que ya podría tener su propio documental: ha intentado
acercarse a Katy Perry, se metió donde no debía en un concierto de The
Weeknd, y por si fuera poco, dio el salto definitivo al estrellato (del caos)
cuando se lanzó al campo durante la final del Mundial Femenino. Sí, ese
momento que millones vieron en vivo y no sabían si reír, enojarse o preguntar
quién demonios era.
En esta ocasión, la seguridad del concierto de Gaga actuó con rapidez. No hubo
drama, no hubo pausa prolongada, ni necesidad de discursos. La cantante
apenas miró la escena con la tranquilidad de quien ya ha visto todo en la
industria y siguió cantando. Mientras tanto, Wen volvió a protagonizar sus
segundos de fama, aunque una vez más, por la puerta de salida.
El episodio reabrió el debate sobre estas invasiones que, aunque a veces
parezcan bromas inofensivas, pueden poner en riesgo a artistas, fans y hasta a
los mismos intrusos. También hay quienes aseguran que Wen lo hace por
“diversión”. Otros creen que es una mezcla de adrenalina, atención y cero
sentido común.
Lo cierto es que Wen sigue acumulando expulsiones como si fueran medallas. Y
aunque su “currículum” impresione por persistencia, el público solo espera que

estas ocurrencias no pasen de sustos menores. Gaga, por su parte, hizo lo que
mejor sabe: dar show… incluso cuando el caos intenta robarle el spotlight.

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