El Sorteo del Mundial 2026 terminó convirtiéndose en un espectáculo político,
deportivo y casi teatral, cuando la presidenta de México, Claudia Sheinbaum,
coincidió por primera vez con el presidente Donald Trump y el primer ministro
de Canadá, Pierre Carney, en Washington. Lo que debía ser un evento sobrio
para definir grupos futbolísticos terminó en una mezcla de diplomacia, show y
un inesperado “¡Viva México!” lanzado por Sheinbaum en plena ceremonia
después de sacar la esfera del bombo.
El momento, captado por todas las cámaras del planeta, incendió redes sociales
de inmediato: unos celebraron el grito como un gesto orgulloso y espontáneo,
otros lo calificaron como “la primera porra diplomática” registrada en un sorteo
mundialista. Trump, fiel a su estilo, sonrió para la selfie y aprovechó para
entregarle a Sheinbaum un “Premio de la Paz” que nadie vio venir, nadie pidió y
que muchos interpretaron como uno de sus movimientos más desconcertantes
del año.
El presidente estadounidense, siempre dispuesto a robar reflectores, se mostró
relajado, hizo bromas e incluso posó junto a la presidenta mexicana y el premier
canadiense, generando una imagen que parecía sacada de un crossover político
improbable. Los tres líderes lanzaron mensajes de unidad regional, cooperación
y entusiasmo por la Copa del Mundo, aunque los internautas no tardaron en
señalar que, si de unidad se trata, la selfie fue más viral que cualquier discurso.
Para México, el evento representa un momento simbólico: la primera aparición
internacional de Sheinbaum al lado de Trump desde que ambos asumieron sus
cargos. La presidenta aprovechó para recalcar la importancia del deporte como
puente diplomático y para presumir el papel de México como país anfitrión del
Mundial. Carney, por su parte, mantuvo el tono conciliador y celebró la
colaboración tripartita, mientras que Trump repetía, una y otra vez, que este
será “el mejor Mundial de la historia”, frase que ya adoptó como eslogan
personal.
El sorteo definió enfrentamientos, fechas y sedes, pero lo que verdaderamente
se robó la atención mundial fue la combinación explosiva de política,
espectáculo y fútbol. En un evento donde las pelotas decidían el destino de
selecciones, fueron los líderes quienes terminaron protagonizando la escena.

