En tiempos donde las redes sociales hierven más que el desierto, el llamado es
inusual: ayunar… pero del lenguaje del odio.
El Papa León XIV propuso durante la Cuaresma practicar un “ayuno” de palabras
hirientes, descalificaciones y discursos de odio.
La invitación no se refiere a comida, sino a algo quizá más difícil de controlar: lo
que se dice y cómo se dice.
El pontífice subrayó que la violencia verbal también hiere y divide,
especialmente en un mundo hiperconectado donde un mensaje puede
multiplicarse en segundos.
La propuesta encaja en el espíritu de la Cuaresma, tradicionalmente asociada a
sacrificios y reflexión espiritual. Pero esta vez, el sacrificio sugerido no está en
el plato… sino en el teclado.
En un contexto global marcado por polarización política, guerras culturales y
confrontaciones digitales, el mensaje apunta directo al corazón de la
conversación pública.
La pregunta es inevitable: ¿seríamos capaces de pasar 40 días sin insultos,
ataques o sarcasmo agresivo?
Quizá el verdadero reto no es dejar el azúcar… sino dejar el rencor.

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