Lo que debía ser un recuerdo para toda la vida terminó convertido en una
escena de emergencia.
Más de 20 estudiantes resultaron lesionados luego de que un templete
colapsara durante la toma de la fotografía generacional en la Universidad
Iberoamericana, campus Santa Fe, en la Ciudad de México.
El incidente ocurrió alrededor de las 10:45 horas, cuando alumnos de la
Licenciatura en Psicología, generación 2022–2026, se encontraban sobre la
estructura instalada para la imagen grupal. En el lugar había aproximadamente
150 estudiantes y acompañantes.

Según los primeros reportes de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y
Protección Civil, la instalación presentaba deficiencias estructurales y no
soportó el peso, lo que provocó su colapso repentino.
En cuestión de minutos, el ambiente festivo cambió por sirenas y maniobras de
atención prehospitalaria. Personal del SUUMA, elementos de la Cruz Roja
Mexicana, Protección Civil y el Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas
acudieron al sitio para atender a los heridos.
Aunque no se reportaron víctimas mortales, varios estudiantes requirieron
valoración médica y algunos fueron trasladados para atención especializada.
El hecho abre preguntas inevitables: ¿quién supervisó la instalación? ¿Cumplía
con las normas de seguridad? ¿Se realizaron revisiones previas antes de
permitir que decenas de jóvenes subieran a la estructura?
En eventos masivos, incluso los aparentemente simples —como una
fotografía—, la prevención no es opcional.
Una generación buscaba capturar un momento simbólico. En su lugar, obtuvo
una lección inesperada sobre la importancia de la seguridad.
Ahora, además de curaciones físicas, vendrá la revisión de responsabilidades.
Porque los recuerdos universitarios deberían doler por nostalgia… no por
fracturas.

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