No todos los días el teatro se detiene para rendir homenaje a uno de los suyos.
Y mucho menos con una ovación tan larga que parece no querer terminar. Así
fue el reconocimiento al director escénico Luis de Tavira (Ciudad de México,
1948), figura fundamental en la formación de generaciones enteras del teatro
mexicano.
El homenaje se realizó en el Teatro El Milagro, donde colegas, alumnos,
familiares y seguidores se reunieron para celebrar una trayectoria sólida y
profundamente influyente. De Tavira, galardonado con el Premio Nacional de
Ciencias y Artes 2006, respondió con una inclinación de cabeza y las manos en
el pecho, en un gesto que dijo más que cualquier discurso.
Y aun así, habló. Breve, directo y emotivo: “No creo encontrar nada que valga
más que decir la palabra gracias… no creo que pueda haber un reconocimiento
más alto que el de tus colegas”. El teatro, esa comunidad exigente y
apasionada, lo abrazaba públicamente.
Entre los asistentes destacaron figuras como Ofelia Medina, Julieta Egurrola,
Marina de Tavira y David Olguín, además de escenógrafos y actores que han
marcado la escena nacional. La noche tuvo sorpresas, incluyendo mensajes
enviados por representantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, lo
que añadió una dimensión política y simbólica al evento.
Acompañado por su hijo Julián, De Tavira develó una placa conmemorativa en
su honor. No hubo estridencia, sino respeto. No hubo espectáculo vacío, sino
reconocimiento genuino.
En tiempos donde lo inmediato suele eclipsar lo profundo, el teatro recordó que
la trayectoria, la formación y la ética artística siguen siendo pilares.
Y por una noche, el aplauso no fue para una obra… sino para quien ha ayudado a
construirlas todas.

