Si alguien dudaba que la música mueve multitudes, el Zócalo capitalino acaba
de dar una lección… con coreografía incluida. La presidenta Claudia Sheinbaum
celebró el concierto de Shakira en el corazón de la capital, donde se estima que
asistieron más de 400 mil personas.
Sí, más de cuatrocientas mil.
La Plaza de la Constitución —uno de los espacios públicos más emblemáticos
del país— se convirtió en una pista de baile masiva donde los clásicos de la
artista colombiana hicieron vibrar a generaciones completas. Desde quienes
crecieron con “Ojos Así” hasta quienes aprendieron geografía con “Waka Waka”.
El evento no solo fue musical. Fue político, social y simbólico. Un Zócalo lleno
siempre manda mensaje. Y en esta ocasión, el mensaje fue fiesta colectiva.
Sheinbaum destacó la capacidad de la ciudad para organizar eventos de esta
magnitud sin incidentes mayores y subrayó el carácter cultural y abierto del
espectáculo. Porque cuando más de 400 mil personas se reúnen en un mismo
punto, la logística deja de ser detalle y se convierte en protagonista silenciosa.
El concierto también reavivó el debate habitual: ¿espectáculo o estrategia?
¿Celebración cultural o vitrina política? En México, el Zócalo nunca es solo un
escenario.

Lo cierto es que la noche tuvo luces, pantallas gigantes, coros multitudinarios y
una energía que pocas plazas en el mundo pueden presumir.
Shakira cantó. El público respondió.
Y el Zócalo volvió a demostrar que, cuando se llena, no es solo una plaza… es
un símbolo.

Porelnuevograficodehidalgo

El Nuevo Gráfico de Hidalgo El Periodismo es una ventana hacia la historia, donde cada día se aprende

Deja una respuesta