En tiempos donde la Iglesia enfrenta cuestionamientos, crisis internas y un
mundo cada vez más polarizado, el Papa León XIV lanzó un mensaje que
apuesta por algo aparentemente sencillo… pero profundamente desafiante: el
cuidado.
Durante la Misa del tercer Domingo de Cuaresma, celebrada en la parroquia
Santa María de la Presentación, ubicada en las periferias de Roma, el pontífice
pidió que las actividades parroquiales reflejen el verdadero espíritu de la
Iglesia.
Un espíritu que, según sus palabras, debe parecerse al de una madre.
El Papa señaló que las comunidades religiosas deben convertirse en espacios
donde las personas se sientan acogidas, acompañadas y sostenidas,
especialmente en tiempos de dificultad.
El escenario elegido para la misa tampoco fue casual. La parroquia se
encuentra en una zona periférica de la capital italiana, lejos de los grandes
templos turísticos que suelen atraer la atención internacional.
Con este gesto, León XIV subrayó su interés en acercarse a las comunidades
que muchas veces permanecen fuera de los reflectores.
Durante la homilía, el pontífice destacó que la Iglesia no debe limitarse a
estructuras o ceremonias, sino que debe manifestarse a través de acciones
concretas que reflejen cercanía con las personas.
En otras palabras: menos distancia institucional y más humanidad.
El mensaje encaja con una línea pastoral que busca mostrar una Iglesia más
cercana a la vida cotidiana de los fieles, especialmente en barrios donde las
parroquias funcionan como centros de apoyo social y espiritual.
Porque, al final, la fe no siempre se demuestra con discursos largos o grandes
ceremonias.
A veces se demuestra simplemente cuidando a los demás.
Y esa fue precisamente la invitación del Papa.

