En un giro que nadie vio venir (léase con toda la ironía posible), el dirigente del
Partido Revolucionario Institucional en Hidalgo anunció que el partido se
encuentra en proceso de reorganización rumbo a las elecciones de 2027 y 2028.
Sí, otra reorganización. Porque claramente las anteriores no eran las
definitivas… eran como versiones beta.
El líder priista aseguró que la militancia está lista para recuperar espacios
políticos, confiando en que el partido podrá reconectar con la ciudadanía y
reposicionarse en el escenario electoral. Todo esto, por supuesto, después de
años de resultados que han sido, digamos… “mixtos” (siendo generosos).
El discurso apunta a fortalecer estructuras internas, renovar estrategias y
construir una nueva narrativa que permita al PRI competir con mayor fuerza en
los próximos procesos. En teoría, suena bien. En la práctica… bueno, eso ya es
otra historia.
Porque el gran reto no es solo reorganizarse, sino convencer a un electorado
que ha visto pasar promesas similares más veces de las que quisiera recordar.
Aun así, el partido insiste en que tiene con qué regresar. Experiencia,
estructura y una base que, aseguran, sigue viva. Aunque la pregunta incómoda
sigue ahí: ¿alcanzará con reorganizarse… o hace falta algo más profundo?
Por ahora, el PRI se prepara. Otra vez. Con la esperanza de que esta vez sí sea
la buena.
