Lo que debería ser una despedida privada terminó convertido en un evento bajo
vigilancia total. Con un amplio despliegue de fuerzas federales y estatales,
autoridades resguardaron el funeral de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El
Mencho”, identificado como líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
La escena fue todo menos discreta.
El féretro, de color dorado, música de banda y más de 500 coronas florales
marcaron una despedida llamativa, mientras patrullajes, retenes y sobrevuelos
de aeronaves militares mantenían la zona bajo control. El cuerpo fue trasladado
al panteón de Zapopan, en Jalisco, en medio de un operativo que dejó claro que
las autoridades no estaban dispuestas a correr riesgos.
La Fiscalía General de la República confirmó el 28 de febrero la entrega del
cuerpo a sus familiares, luego de concluir los procedimientos legales
correspondientes, incluida la verificación genética para acreditar la identidad
de quienes reclamaron los restos.

Previamente, el cuerpo fue trasladado desde el Centro Federal Pericial Forense
en la Ciudad de México hacia una funeraria ubicada en la colonia San Andrés,
en Guadalajara. Desde su llegada, la zona permaneció blindada por elementos
del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional.
El objetivo del despliegue fue claro: prevenir posibles alteraciones del orden
público ante la presencia de simpatizantes o eventuales acciones de grupos
rivales.
La imagen es poderosa: un funeral con estética ostentosa y, al mismo tiempo,
custodiado por el Estado.
Porque incluso en la muerte, el poder —legal o criminal— sigue generando
tensión.
Y en Jalisco, ese día, la despedida no fue silenciosa.
Fue vigilada.

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