Cuando dicen “ajustes internos”, normalmente significa mover un escritorio.
Pero esta vez no. La fiscal general Ernestina Godoy decidió sacudir la
estructura de la Fiscalía General de la República con una solicitud que no pasó
desapercibida: la renuncia inmediata de cerca de la mitad de sus delegados
estatales.
Por ahora, serían 15 delegados los que dejarán el cargo. Entre los nombres que
ya figuran están los titulares en Michoacán, Hidalgo, Nuevo León y la Ciudad de
México.
Pero la lista no termina ahí. También se contemplan cambios en San Luis
Potosí, Tamaulipas, Nayarit, Durango y, presuntamente, Jalisco.
La comunicación oficial comenzó a circular desde temprano el sábado 28 entre
el personal de la Fiscalía. El mensaje fue claro y sin rodeos: renuncias
inmediatas y oficinas listas para ser entregadas a los nuevos titulares el lunes 2
de marzo. Traducido al español cotidiano: hagan maletas, entreguen llaves y
apaguen la luz.
El movimiento ha generado sorpresa y tensión dentro de la institución. Porque
no se trata de un simple relevo administrativo, sino de una reconfiguración
importante en áreas estratégicas del país.
Aunque oficialmente no se han detallado las razones específicas de cada salida,
el mensaje político es evidente: viene una etapa de ajustes profundos. En un
momento donde la seguridad y la procuración de justicia están bajo la lupa
pública, cualquier cambio de esta magnitud envía señales claras.
La pregunta que muchos se hacen es si se trata de una depuración, una
reestructura o una demostración de control interno.
Lo cierto es que la FGR amaneció distinta.
Y cuando una institución que investiga delitos federales mueve tantas piezas al
mismo tiempo… el tablero cambia por completo.

