Después de años de quejas, precios inflados y frustración colectiva, finalmente
alguien dijo lo evidente: Ticketmaster y Live Nation operan como monopolio.
Un jurado federal en Estados Unidos lo confirmó tras cinco semanas de juicio.
Aunque la empresa ya había pactado pagar 280 millones de dólares, el proceso
continuó impulsado por 34 estados. ¿La razón? El daño al consumidor.
Porque sí, conseguir boletos se volvió una odisea… y carísima.
El fallo abre la puerta a sanciones más severas: multas, cambios en el negocio y
hasta limitaciones en su dominio.
Por primera vez, el gigante enfrenta consecuencias reales.
La pregunta ahora es: ¿esto cambiará algo… o todo seguirá igual?

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