Los jubilados de Pemex no están precisamente celebrando. Tras la aprobación
en congresos locales de la reforma a las llamadas “pensiones doradas”, alzaron
la voz para exigir que se frene.
¿El problema? Denuncian posibles efectos retroactivos, incertidumbre jurídica y
hasta vulneración de datos personales.
En otras palabras: sienten que les están moviendo el piso… después de haber
terminado el partido.
La inconformidad apunta a un tema sensible: los derechos adquiridos. Porque
cuando se trata de pensiones, cualquier cambio no solo es técnico, también es
profundamente personal.
El conflicto apenas comienza, pero ya dejó claro algo: tocar las pensiones
nunca es una decisión sin consecuencias.
