La justicia mexicana parece tener memoria selectiva… pero cuando quiere,
actúa. La Fiscalía General de la República (FGR) confirmó que la Fiscalía
General del Estado de Chihuahua pidió apoyo para lograr la deportación
“controlada” de Bertha Olga Gómez Fong. Sí, controlada… porque en cuanto
pise Chihuahua, no habrá nada improvisado: la esperan dos órdenes de
aprehensión.
El fiscal César Jáuregui Moreno lo dejó claro: la esposa del exgobernador César
Duarte enfrenta acusaciones por robo y peculado agravado. Nada menor.
Pero aquí viene lo curioso. Según la FGR, su detención en Estados Unidos no
tiene que ver con estos delitos… sino con “motivos migratorios”. Casualidad
nivel experto. Una coincidencia que parece escrita por guionistas de serie
política.
La dependencia explicó que, tras su aseguramiento, la oficina de Interpol
México recibió la solicitud de Chihuahua, que ya tenía investigaciones abiertas.
Es decir: primero la detienen por migración, luego recuerdan que también la
buscan por corrupción. Timing perfecto.
Mientras tanto, el discurso oficial se aferra al principio de presunción de
inocencia. Legalmente correcto, políticamente conveniente.
El caso revive viejas heridas sobre corrupción en administraciones pasadas y
deja una pregunta flotando: ¿la justicia llega tarde… o llega justo cuando
conviene?
Porque aquí no hay prisa, pero tampoco olvido. Y cuando ambos se combinan, el
espectáculo apenas comienza.
