La presidenta Claudia Sheinbaum anunció un ambicioso proyecto: la creación
del Servicio Universal de Salud.
La idea suena sencilla —y bastante atractiva—: cualquier persona podrá
atenderse en cualquier institución pública, sin importar si tiene o no
derechohabiencia. Es decir, menos trámites, menos barreras… al menos en
teoría.
Pero eso no es todo. También se anunció la creación de una credencial que
funcionará como identificación oficial, lo que inevitablemente encendió
comparaciones con el Instituto Nacional Electoral (INE).
Aquí es donde el asunto se pone interesante. Porque aunque la propuesta
apunta a mejorar el acceso a la salud, también abre preguntas sobre duplicidad
de funciones, control de datos y el futuro de las identificaciones oficiales en el
país.
El gobierno insiste en que el objetivo es garantizar derechos básicos. Los
críticos, en cambio, ven una jugada política con múltiples implicaciones.
Al final, todo dependerá de la ejecución. Porque en México, las buenas ideas
abundan… lo complicado es hacerlas funcionar.

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