Uno de los sitios más emblemáticos de México volvió a abrir sus puertas… pero
con un ambiente muy distinto al habitual.
La Zona Arqueológica de Teotihuacán reanudó actividades tras el ataque
armado que dejó una turista canadiense muerta y siete personas heridas. Un
hecho que rompió la idea de seguridad en uno de los destinos más visitados del
país.
La reapertura no fue inmediata ni sencilla. Más de tres horas después de lo
programado, los accesos finalmente se habilitaron, con un despliegue de
seguridad que deja claro que algo cambió.
En el interior, 60 elementos de la Guardia Nacional armados. Afuera, más de 150
efectivos adicionales. A esto se suman custodios y policía auxiliar. Un operativo
que transforma la experiencia turística en algo mucho más vigilado.
Los visitantes regresaron, sí… pero en menor número y con evidente cautela.
Algunos esperaron desde temprano para entrar, mostrando que el interés sigue
ahí, aunque la confianza no esté del todo intacta.
El mensaje es contradictorio: el sitio está abierto, pero la sensación de
seguridad todavía se reconstruye.
Porque hay cosas que no se restauran con solo abrir una puerta.
Después de un ataque que dejó una turista muerta, Teotihuacán volvió a abrir.
Pero no como antes.
Ahora hay 60 elementos de la Guardia Nacional dentro, más seguridad afuera.
Todo para garantizar algo que antes se daba por hecho: tranquilidad.
Los turistas regresaron, aunque con cautela. Algunos esperaron horas para
entrar.
El mensaje es contradictorio: el sitio está abierto… pero la confianza aún no.

