“No puedo ser juez y parte”, asegura el dirigente al anunciar su salida en medio
de la renovación interna, mientras el PRI enfrenta una de las etapas más
complejas de su historia reciente.
La dirigencia estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Hidalgo
entró oficialmente en una nueva etapa de incertidumbre luego de que Marco
Antonio Mendoza Bustamante anunciara que dejará la presidencia del partido
durante el proceso de renovación interna. La decisión, según explicó, busca
garantizar transparencia en la elección de la nueva dirigencia y evitar cualquier
señalamiento de favoritismo.
“No puedo ser juez y parte”, afirmó el también diputado local al confirmar que
se separará del cargo en las próximas horas, una vez que concluya las
conversaciones pendientes con diversos actores políticos del instituto tricolor.
La salida de Mendoza ocurre en un momento particularmente delicado para el
PRI hidalguense, que en los últimos años ha sufrido una notable pérdida de
fuerza electoral, espacios de representación y presencia política frente al
avance de otras fuerzas partidistas. Aunque el dirigente insistió en que la
renovación representa una oportunidad para fortalecer al partido, la realidad es
que el proceso también exhibe los desafíos internos que enfrenta una
organización que busca mantenerse vigente rumbo a las elecciones de 2027 y
2028.
La convocatoria para renovar la dirigencia ya fue emitida y establece que el
registro de aspirantes se realizará el próximo 12 de junio. Sin embargo, más allá
de los procedimientos internos, el reto principal será recuperar la confianza de
una militancia que ha observado cómo el PRI ha perdido terreno tanto a nivel
estatal como nacional.
Mendoza Bustamante aclaró que aún no define si participará como candidato en
el proceso. En caso de hacerlo, sostuvo que no se trataría de una reelección, ya
que actualmente ocupa una dirigencia que quedó vacante y no una obtenida
mediante un proceso estatutario ordinario.
A pesar de su discurso de apertura y democracia interna, la decisión de
separarse del cargo también refleja una realidad ineludible: en tiempos de
desconfianza ciudadana hacia los partidos políticos, cualquier proceso que no
garantice imparcialidad corre el riesgo de ser cuestionado desde su origen.
El dirigente destacó que la elección será mediante voto directo de la militancia
y aseguró que existen las condiciones para que cualquier priista interesado
pueda competir. Sin embargo, evitó mencionar nombres de posibles aspirantes,
aunque reconoció que ya hay perfiles interesados en encabezar al partido.
Otro de los desafíos será la participación de la militancia. De acuerdo con las
cifras proporcionadas por el propio partido, alrededor de 75 mil afiliados podrían
votar, mientras que otros 25 mil registros continúan bajo revisión del Instituto
Nacional Electoral (INE). Aunque el PRI presume acercarse a los 100 mil
militantes, la validación oficial todavía está lejos de confirmar esa cifra.
Mendoza descartó solicitar apoyo al Instituto Estatal Electoral de Hidalgo
(IEEH) para organizar la elección, argumentando que el partido cuenta con la
capacidad suficiente para llevar a cabo el proceso. No obstante, la decisión
también responde a una cuestión económica, pues involucrar a la autoridad
electoral representaría mayores costos para una organización que, como
muchos partidos tradicionales, enfrenta tiempos de austeridad y reducción de
recursos.
La renovación de la dirigencia estatal no solo definirá quién encabezará al PRI
en los próximos años. También pondrá a prueba si el partido aún tiene
capacidad para reinventarse o si continuará enfrentando la lenta erosión
política que lo ha llevado a perder protagonismo en la vida pública de Hidalgo.

