Durante décadas se insistió en que el deporte debía permanecer al
margen de la política. Sin embargo, el Mundial de 2026 está
demostrando exactamente lo contrario. El balón rueda, pero detrás del
espectáculo se juegan intereses económicos, diplomáticos y
comerciales de enorme calado.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha encontrado en
la Copa del Mundo un escaparate perfecto para fortalecer su narrativa
nacionalista y proyectar liderazgo en un momento clave para la relación
con sus principales socios comerciales. La organización conjunta del
torneo entre México, Estados Unidos y Canadá trasciende lo deportivo:
representa una vitrina geopolítica que coincide con la revisión del
Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), prevista para
los próximos meses.
Desde México, la presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en
que el Mundial no debe mezclarse con la agenda política ni con las
negociaciones comerciales ni tampoco que se dividan los países, y haya
división porque los ciudadanos no son de tercera o cuarta clase, y que
solo les sirve piense el país vecino. Sin embargo, la realidad apunta en
otra dirección. Los grandes eventos deportivos siempre han servido
como plataformas de influencia internacional, generación de inversiones
y construcción de poder político.
No es casualidad que, mientras millones de aficionados siguen los
partidos, Washington también envíe mensajes sobre migración,
seguridad, inversión y comercio. El Mundial ofrece una oportunidad única
para reforzar la posición estadounidense en una negociación estratégica
que definirá el futuro económico de América del Norte.
La coincidencia entre el torneo y la revisión del T-MEC difícilmente
puede considerarse un hecho aislado. Los reflectores del fútbol generan
un ambiente de cooperación regional, pero también ofrecen ventajas
políticas a quien mejor sepa aprovecharlas. Trump parece entender y
utiliza el escaparate mundialista como parte de una estrategia más
amplia, enviando mensajes muy poco favorecen, a las naciones. “Yo
soy el jefe”: Donald Trump protagoniza el último día de la cumbre del G7
con polémica frase polémica, “donde dijo esa frase y con quien lo dijo”
Negar la dimensión política del fútbol resulta cada vez más
complicado. Desde las candidaturas para organizar competencias hasta
las ceremonias inaugurales, los patrocinios, las inversiones en
infraestructura y las reuniones bilaterales que acompañan estos
eventos, el deporte se ha convertido en una herramienta de democracia.
