Julio es mes de la Guelaguetza, este año la edición número 93 de la Guelaguetza ha tomado las calles de Oaxaca con música y danzas
tradicionales que mostrarán la riqueza cultural de este bello estado. 

Esta fiesta es considerada una de las más emblemáticas de la entidad, y tiene su origen en la época prehispánica y desde entonces se continúa realizando. En esta fiesta participan las 55 delegaciones representando a las ocho regiones del estado, así como a las 16 culturas indígenas y afromexicanas.

La fiesta inició el 1 de julio en la Plaza de la Danza y posteriormente se llevarán a cabo más de 140 actividades culturales y gastronómicas y como siempre se vivirán emociones con los famosos Lunes del Cerro y su Octava en el gran auditorio Guelaguetza.

La programación es muy atractiva ya que hay eventos alternos en diferentes comunidades, conciertos culturales, convites guelaguetza,
conciertos masivos, un tianguis gastronómico llamado “ Desde mis raíces con sus sabores”, una expo “Café de aroma y sabor” delemblemático café Pluma, otra expo de ferias artesanales “Arte de mi pueblo”, feria del Mezcal, desfiles de las delegaciones, pueblos
mágicos de Oaxaca, festival de los Moles, para cerrar con la feria del Téjate y del Tamal el 1 y 2 de agosto.

Como parte de los eventos se representará la Leyenda de Donají, tradicional del estado. Es la dramática historia de una princesa zapoteca y el gran amor por su pueblo, que la lleva al sacrificio.

Cuenta la tradición que, antes de la llegada de los españoles, cuando Oaxaca se encontraba dominada por un grupo de nobles indígenas, pertenecientes a las culturas zapoteca y mixteca, el rey Cosijoeza, soberano de la ciudad de Zaachila, tuvo una hija a la que se le otorgó el nombre de Donají, que quiere decir “alma grande”.

El trazado cosmogónico del destino de la princesa fue encargado al sacerdote Tiboot de Mitla, quien vaticinó una gran desgracia para la
pequeña, ya que ella se sacrificaría algún día por amor a su pueblo. 

Después de que mixtecos y zapotecos enfrentaron juntos a los mexicas, que trataron de conquistar la región de Oaxaca para anexarla a su imperio, una serie de eventos sembró la discordia entre los dos pueblos, provocando su distanciamiento y al mismo tiempo el inicio de violentas disputas.

En medio de tales enfrentamientos, un guerrero mixteco fue hecho prisionero por los zapotecas y puesto a disposición del rey. 

Durante su estancia, la princesa Donají descubrió al cautivo, de nombre Nucano, quien a la sazón era un príncipe. Se enamoró de él y lo cuidó hasta que se recuperó por completo, momento en el que pidió a Donají su libertad para continuar en la lucha.

Liberado por la princesa, Nucano alentó a su pueblo a terminar con la guerra, mientras Donají hacía lo mismo con su padre. Ambos pueblos pactaron la paz, aunque el recelo de los mixtecas les hizo solicitar que Donají se convirtiera en prenda de paz para garantizar la promesa del rey, pues de lo contrario sería sacrificada. 

Anteponiendo el amor a su pueblo antes que su propia vida, la princesa avisó a los guerreros zapotecas de que sus carceleros se encontrarían al anochecer en Monte Alban, donde fueron sorprendidos y diezmados por la gente de Cosijoeza.

Descubierto el plan de Donají, los mixtecas decidieron vengarse del rey sacrificando a la princesa cerca del río Atoyac, donde fue sepultada. Se dice que, al momento de encontrarse su cadáver, este no presentaba rastros de putrefacción, y que de su cabeza había nacido un lirio silvestre que de inmediato se convirtió en símbolo del pueblo zapoteco.

El príncipe Nucano, convertido en gobernador de la gente de Donají, dedicó el resto de sus días a velar por el pueblo de su amada hasta su muerte, cuando finalmente fue enterrado en la iglesia de Cuilapan de Guerrero, donde también había sido sepultada Donají.

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