Karin Salazar Castillo

La memoria es una capacidad cognitiva compleja que está involucrada en infinitas actividades diarias
como escribir, calcular, lavar, vestirse, comer, jugar e incluso bailar. Pero, ¿Cómo memorizamos y recordamos cosas?

Hablar de memoria es hablar de olvido, ya que son procesos complementarios.
Olvidar es beneficioso para el
funcionamiento del cerebro, porque
permite eliminar la información
innecesaria y facilitar la recuperación de
datos importantes.
La información emocional se recuerda
más y mejor que la neutra, ya que
permite una evocación detallada y
vívida del momento en que ocurrió un
suceso impactante.
Sabiendo que el olvido es necesario, lo
que en realidad, nos preocupa es
olvidar cosas que consideramos
importantes y que nos resultan útiles
para nuestra vida cotidiana. A medida
que envejecemos, el funcionamiento de nuestro cerebro va cambiando y no tenemos exactamente las
mismas capacidades que de jóvenes. Pero esto no significa que algo vaya mal. No hay nada extraño
en olvidar de manera ocasional fechas señaladas o cometer errores puntuales en actividades
rutinarias.
Nos pasa a todos. No debemos preocuparnos si somos plenamente conscientes de ello y no supone
un problema para el desarrollo normal de nuestras actividades diarias. Pero, ¿por qué se producen
estos olvidos? Hay diferentes teorías del olvido y aproximaciones científicas que lo explican. Estas son
las principales:
• El fracaso al evocar que puede deberse a situaciones momentáneas como demasiado estrés por
alguna cosa que bloquea el acceso a la información y cuando se está tranquilo o más calmado se
puede recuperar.
• La interferencia, que sugiere que algunas memorias compiten e interfieren entre sí. Cuando algunas
informaciones son muy parecidas, es fácil que haya interferencias entre ellas y que se produzcan
confusiones.
• El fracaso en el registro o la codificación. A veces creemos que hemos olvidado una información que,
en realidad, nunca llegó a formar parte de la memoria a largo plazo. Es lo que ocurre cuando, en el
momento de registrarla, no hemos prestado suficiente atención, bien porque algo nos ha distraído o

porque la información que nos daban no nos interesaba o nos motivaba lo suficiente. Para que una
información pueda registrarse adecuadamente, conviene asegurar que los sentidos y la atención estén
bien activos.
• El olvido motivado. Otras veces y, aunque sea de una manera inconsciente, participamos
activamente en el olvido de algunos hechos, sobre todo los de naturaleza traumática o perturbadora.
De este modo, intentamos evitar o minimizar el impacto emocional negativo que puedan tener.
Todos nos despistamos en más de una ocasión y somos víctimas de nuestras
propias distracciones. No obstante, esto no quiere decir necesariamente que
nos falle la memoria o estemos sufriendo un problema cognitivo.
Generalmente son lapsus cotidianos que responden a una disminución de la
atención al momento de realizar determinadas actividades, sobre todo las que
tenemos muy aprendidas, y no a un problema de memoria.
En algunos casos se producen intrusiones de otras acciones habituales que comparten algunas
características con la acción inicial. O bien son consecuencia de la costumbre, aunque nuestra
voluntad era hacerlo de forma distinta. Por ejemplo cuando se quiere modificar una rutina como
caminar un poco más de lo normal y se olvida que se iba a hacer el ajuste; o cuando se cambia la
contraseña de la computadora y luego se quiere abrirla con la contraseña anterior, o cuando se altera
una secuencia, por ejemplo al estar cocinando suena el teléfono, contestamos y al volver no se
recuerda si ya se había puesto la sal o no, o cuando vamos a salir, cerramos la puerta de casa y nos
damos cuenta que no sacamos las llaves del auto, entre otras.
¿Cómo evitar estos lapsus cotidianos? Un primer paso esencial es hacer conciencia de cuáles son las
situaciones o circunstancias en las que más a menudo tenemos este tipo de lapsus. En cuanto las
tengamos identificadas, podemos
a) Decidir si los lapsus pueden conducir a errores o negligencias importantes o no. Si no es así, no
debemos preocuparnos demasiado, incluso tomarlo con cierta dosis de humor.
b) Hacer un esfuerzo deliberado por prestar atención cuando se trate de algo importante. Por ejemplo,
si sabemos que a menudo, cuando ya estamos en la calle, nos damos cuenta de que nos hemos
dejado el monedero, procuremos dejarlo en un lugar concreto que reduzca la posibilidad de que esto
suceda.
c) Utilizar algo como señal para indicar que ya se ha realizado una acción o para que nos sirva de
indicador sobre el momento de la secuencia en la que nos encontramos. En el ejemplo de la receta de
cocina, una idea puede ser colocar los ingredientes que ya hemos usado en una zona determinada de
la mesa. Así vemos la sal en ese espacio significa que ya la hemos añadido.
Tanto el olvido como los lapsus forman parte del funcionamiento cotidiano normal. Si los lapsus se
convierten en demasiado frecuentes, junto a olvidos reiterados o, en definitiva, aparecen problemas de
memoria que supongan un cambio relevante respecto a cómo hemos rendido siempre, o interfieran en
el desarrollo de las tareas cotidianas, y no se atribuya la causa a un momento de estrés o
circunstancias pasajeras, se aconseja pedir la opinión de un profesional por si fueran señales de
alerta.
Correo para comentarios y sugerencias: cuidadospam25@gmail.com

Referencias:
https://blog.fpmaragall.org/memoria-y-olvido
https://recursos.fpmaragall.org/gu%C3%ADa-conocer-y-ayudar-a-la-memoria?hsCtaAttrib=178969063975
https://www.nia.nih.gov/espanol/memoria/memoria-olvido-envejecimiento

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