LA VIOLENCIA SIEMPRE REVELA LO MISMO: IMPOTENCIA.
LA REDACCION
16 de noviembre de 2025.

En el fondo, CRECE EL ODIO: OPOSICIÓN, ADULTOS MAYORES Y JÓVENES
RADICALIZADOS REBASAN LA CORDURA CON INSULTOS Y SOECES
lo preocupante no es solo que derriben bardas o avienten piedras.
Lo verdaderamente grave es que algunos quieren normalizar que la política se
haga a golpes, que el insulto sustituya al argumento y que la violencia sea el
precio de perder privilegios.
Esa es la línea que México no puede permitir que se cruce.
Hay días en que la política mexicana se explica sola. Hoy fue uno de esos días:
una manifestación que prometía ser “generacional”, “auténtica” y “espontánea”,
terminó convertida en un espectáculo donde la máscara cayó al primer empujón
de valla. Claudia Sheinbaum, presidenta de México, fue clara: “Decimos no a la
violencia”. Su condena vino después de que un grupo reducido —aunque
ruidoso— arrancara vallas, quebrara vidrios y confundiera “participación
ciudadana” con ejercicio de demolición.
Mario Delgado, secretario de Educación Pública, fue aún más directo. Advirtió
que hay quienes buscan engañar a jóvenes utilizando “millones de bots”, una
práctica que ya parece parte del manual de la política desesperada. Ironías de
la vida: la supuesta “Generación Z en rebelión” terminó siendo, según el propio
gobierno, la puesta en escena de un enojo cuidadosamente financiado,
presuntamente desde el extranjero. Al final, lo que menos hubo fueron jóvenes.
ES ESENCIAL QUE LOS JÓVENES Se debe conocer la historia de México, sin
embargo, se ve tras fondo que desde que llego el Nuevo embajador ha tratado
de que se desensibilicé el país, además de que unos añoran sus los privilegios,
argumentando que desde llego la nueva corte de Justicia ha cambiado y quieren
tomar con bandera lo lamentables hechos de Michoacán con el presiente
municipal Carlos Manzo.
La marcha, que muchos bautizaron con sorna como “la marcha del odio, la
hipocresía y la doble moral”, mostró un objetivo evidente: no dialogar, sino
provocar. Lo grave no es que intentaran “protestar” —eso es legítimo— sino que
lo hicieran con la intención de dañar el patrimonio público y tensionar la vida
democrática del país. La violencia no es discurso político: es síntoma de
impotencia.
El señalamiento sobre presunta participación de grupos oligárquicos con viejos
intereses —incluyendo los que durante décadas han intentado influir en la
política nacional— se mantiene como percepción dentro de sectores del
gobierno. Incluso, algunas voces han ironizado con la supuesta nostalgia de

ciertos actores económicos por regresar al poder político en 2024, pese a sus
controversias empresariales y financieras.
Del otro lado, la oposición del PRIAN vuelve a exhibir su dificultad para aceptar
derrotas electorales. Se arroparon en la figura de un supuesto “héroe” de
sombrero, cuyo historial político es tan cambiante que parece brújula imantada:
militó con priistas, trabajó con Peña Nieto, buscó espacio en Morena, terminó
“independiente” rentando avionetas de miles de pesos —pregunta obligada:
¿quién financió? y se autoproclamó “el Bukele mexicano”. El resultado está a la
vista: errores de seguridad, protocolos ignorados y un movimiento que terminó
por entregar el liderazgo a la viuda, mientras la incongruencia seguía desfilando
sin pudor.
Fracaso de la marcha, sí… pero no del mensaje. Como advirtió un dirigente del
PAN: “solo nos falta la violencia”. Peor aún, otros personajes han insinuado que
“se necesita un muerto”. La ultraderecha internacional y ciertos sectores
nacionales parecieran apostar a la desestabilización, replicando el viejo guion
de las “revoluciones de colores”: caos, confrontación, víctimas y luego presión
extranjera. El libreto es conocido.
Por eso, la sensatez tiene que imponerse. La democracia mexicana —con sus
imperfecciones— no puede ser rehén de quienes quieren que el país retroceda
al tiempo del narco, la corrupción y los privilegios neoliberales.
El mensaje es sencillo: la violencia no construye; apenas disfraza la frustración.
Y hoy, a muchos, se les cayó la máscara.

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